lunes, 7 de agosto de 2017

El valor de tener una lavadora

Estamos en Goa, aquí las palmeras y demás vegetación nos ha devuelto el verde a los ojos. El pasado portugués, muy reciente puesto que los lusos se fueron en 1961 de la región, se nota en muchas calles que se llaman ruas, en los nombres de esas mismas vías o de los comercios: Fernandes, Teixeira, Bento,... Aquí las farmacias se llaman farmacias y en muchos restaurantes y licorerías se vende oporto. Sus edificios, de colores los mejor conservados, nos trasladan al mismísimo Brasil colonizado o nos transmiten la misma decadencia de la Lisboa más melancólica (bueno, sin pasarse). El mundo hippie encontró en Goa un paraíso, ahora a partir de noviembre es un nido de turistas locales y extranjeros que buscan playas y buena vida. También los hay que se enganchan al juego porque en el lugar se instalan varios casinos. La capital del estado es Panaji y en ella nos encontramos hospedados en una preciosa y bien cuidada casa histórica que recibe la denominación de hospedería. Ya hemos probado el pescado (hemos abandonado la propuesta de hacernos vegetarianos) y conocemos el mercado principal, las calles de la zona nueva donde la arquitectura se afea y aparecen tiendas muy occidentales, y la catedral, herencia de la semilla cristiana que dejaron los portugueses.

Mercado de Panaji: frutas, verduras, especias,...

Aquí hay muchas motos, por la noche hay calles en las que el espacio para que pase un coche es mínimo porque a un lado y a otro las motos se aparcan en batería haciendo que las aceras queden incomunicadas de la calzada. Lo de tener una moto no es baladí, en la India es sinónimo de posesión valiosa, incluso si eres dueño de una, además de un frigorífico y una lavadora, ya estarías excluido como receptor de ayudas sociales. Lo mismo ocurre si puedes permitirte un coche o un simple equipo de aire acondicionado. Saber que en muchas ciudades la mitad de la población podría recibir, otra cosa es que lo haga, esas ayudas no deja de poner a cada uno en su sitio, y lo digo en primera persona del singular. Valorar lo que se tiene no está reñido con el conformismo y es un ejercicio sano, como también lo es asumir que las prioridades propias pueden estar muy alejadas de las ajenas.

Transporte escolar.

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