lunes, 14 de agosto de 2017

Con la mirilla (parte 1)

De Madurai a Cochin hay algo menos de 300 km. pero tardamos en coche más de 9 horas. Varias razones hay para tales cifras: el estado de la carretera, el modo de conducción local que permite parar el vehículo donde plazca, las vacas que deciden que su sitio está en la carretera, los atascos al cruzar cualquier localidad de tamaño medio y, la mejor de todas, la necesidad de cruzar las Montañas Cardamomo trazando curvas a diestro y siniestro. El resultado para cualquier visitante puede ser un mareo o una vomitona, afortunadamente preferí otro, ocupar un poco más la memoria de mi teléfono con decenas de imágenes.

EN MOTO









En 2016 se vendieron en India casi 17 millones de motocicletas, ya quedó dicho aquí el valor que tiene este vehículo cuya posesión te puede impedir la obtención de ayudas sociales. El camino por carretera era un constante chorreo de motoristas, algunos solos, otros en pareja, muchos en familia ¡hasta cinco ocupantes llegamos a ver en una! Cuando es una pareja me fijo mucho en la cara y en el modo en el que pone las manos quien ocupa la parte trasera, veo ternura, sumisión, rechazo, inseguridad. Durante un buen rato fuimos casi en paralelo con una, el chico conducía y la chica le agarraba por los hombros, llevaba un vestido de color marfil, un bolso negro de esos en los que le entrará de todo y no encontrará nada, le colgaba una trenza de flores de jazmín en el pelo. Casi nunca miraba al frente, permanecía ajena a la velocidad porque su cabeza estaba en otro lado. Tal vez pensando en lo que dejaba atrás, tal vez dudando sobre lo que podría encontrar delante.


COMERCIO
En India se vende todo. Una carretera es una sinuosa línea de lugares de venta. Lo que en economía se denomina sector terciario ocupa a un 25 por ciento de la población activa, pero se habla mucho de la informática y la tecnología cuando el mayor servicio al que accede la población es al conjunto de tiendecitas, tienduchas, puestos y puestecillos en los que medio país vende a otro medio país. Me encantan los establecimientos en los que se ofrecen tarteras y diversos recipientes metálicos que cuelgan del techo o relucen en las estanterías, donde la falta de luz se compensa con el reflejo de cualquier rayo, vimos muchos, pero recuerdo a ese señor mayor vigilante a la operación de venta que realizaba su señora o la dependienta o la hija... a las palabras alegres que intercambiaba con el joven y moreno comprador quien miraba a cámara sabiéndose espiado, puede que dudando entre finalizar la compra o adquirir la tartera de cuatro pisos, una garantía en cualquier despensa.











No hay comentarios:

Publicar un comentario