Se llama Mutú y es el botones del hotel de Madurai donde nos hospedamos. No pude escribir esto antes porque el wifi nos ha funcionado regular y había otras prioridades como la de ver los maravillosos templos locales o conocer calles de una verdadera ciudad india en la que los turistas extranjeros somos rara avis. Aquí la gente te quiere ayudar, los establecimientos son más auténticos y, a pesar del calor (afortunadamente seco), los paseos se hacen agradables dentro de la limitada escala que tenemos los blanquitos para medir el confort. Obviamente el bullicio no para en Madurai y más ayer que fue festivo y la gente sale a la calle para celebrar el día junto a los templos.
Pero os hablaba de Mutú. Al entrar al hotel, y os aseguro que no entramos con buen pie, vi en él gesto de buena persona, al principio lo asocias a la profesionalidad de un botones que trata de agradar para obtener propina, después cuando la sonrisa se mantiene y el gesto nunca se tuerce a pesar de la ausencia de "tips" te das cuenta de que hay algo más que interés legítimo. Mutú en el hall de entrada del hotel ve a los clientes como la gallina que tiene que cuidar de los pollitos pero de forma discreta, milimétrico en los gestos, totalmente alejado de sus colegas de profesión que confunden sequedad con respeto o que llevan la pomposidad de sus uniformes hasta la máxima expresión; él lleva el suyo, aclimatado al país en el que estamos, Mutú podría dirigir el hotel siendo un botones solo con su mirada de buena persona, su sonrisa de humanidad y el inevitable sentido común que emana de cada uno de sus actos. Da igual que sea encender el ventilador junto al sofá en el que te has sentado, o quitarlo cuando te vas, o llevarte el papel higiénico (que buena falta hace cuando el picante hace efecto), o llamar al tuctuc. Da lo mismo. Está y no se le ve hasta que necesitas algo. Hubo un momento de cierta tensión que presencié, los encargados de recepción parecían bloqueados pero Mutú dijo dos o tres cosas, siempre al oído de sus superiores y éstos ya sabían lo que tenían que hacer, servía con hacerle caso. Y ahí sigue él sin sus medallas, pero creciendo de forma incontestable.
| Albondiguilla con gafas y Mutú. |
Hace un rato me acerqué a él, le pedí con cierto disimulo que se hiciera una foto conmigo, él sonrió y me dijo "after" porque andaba llevando maletas a otros clientes. Cuando pudo se acercó, le dije en mi inglés casi inexistente que en su ojos había visto que era buena persona, lo agradeció sin estridencias, posamos: yo con cara de albóndiga con gafas y él mitigando la sonrisa para dar aire de prestigio al momento. Le di propina, sé lo que cuestan determinadas cosas aquí y lo que unas rupias pueden ayudar, lo agradeció pero no me equivoco si digo que si no le hubiera dado nada me hubiera vuelto a sonreír y seguiría siendo Mutú, el botones de bigote con sonrisa perpetua.
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