viernes, 4 de agosto de 2017

Bombay no es un paraíso

Bombay no es el paraíso de la canción de Mecano. Apenas llevo unas horas en la ciudad y ya me he dado cuenta de ello, el tráfico y la contaminación dejan el suspiro de Ana Torroja en un quejido constante en forma de claxon de vehículo. Bombay es, como toda urbe monstruosa, una amalgama de olores, sonidos y colores, y eso que solo la he visto de noche porque el vuelo que nos debería haber traído de Delhi nos dejó en tierra y la alternativa más honrosa partía 4 horas más tarde.
Hemos cruzado la ciudad en taxi y de norte a sur, una curiosa experiencia del mundo al revés que diría Galeano: el norte es más pobre que el sur. Primero vimos las chabolas, después algo un poco más arregladito y, por último, la zona de Colaba donde el turismo (poco en realidad) se mezcla con los autóctonos menos autóctonos. Eso sí, los pasos de cebra son pura decoración salvo aquellos en los que un guardia hace que el código de circulación sea una orden.
Orden, justo lo contrario de lo que aquí hay. Resulta curioso encontrar en un periódico La foto del primer ministro indio con la canciller Merkel bajo el siguiente titular: "India y Alemania: hechos el uno para el otro". Doña Ángela no duraba aquí ni un cuarto de hora, o tal vez prefiera esto al orden natural teutón. Igual sería su paraíso.
Camino al sur (de Bombay).

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