Kanazawa tiene casi medio millón de
habitantes, pero entre que llegamos en sábado y que la comparamos con las visitas a
sitios más grandes nos ha parecido un pueblo. Eso en las calles, porque cuando
te acercas a sus centros comerciales o a su mercado la cosa cambia, se siente
la actividad tanto de la ciudad como de sus gentes. Se encuentra a dos horas en
tren al norte de Kioto, pegando al Mar de Japón y aunque ha apretado el
calor aquí se notó menos humedad.
 |
| Vista del mercado de Kanazawa |
He nombrado ya su mercado cuyo nombre es
Omicho y en el que paramos el primer día no solo para visitarlo, también para comer. En
concreto nos decantamos por platos
de lo que sería comida rápida japonesa: una sopa de noodels fríos (muy
típica en esta temporada), unos “filetes” empanados aunque uno era vegetal y el
otro de pulpo, un gambón rebozado y de postre un trozo de piña. En total
nuestro menú, exquisito, nos salió por unos cuatro euros y medio, aún no
alcanzo a entender eso de que Japón es caro con el que tanto me dieron la
barrila antes de salir, muy al contrario: lo que realmente es caro es Madrid.
 |
| Los jardineros trabajando para mantener bello el jardín |
Después empezamos las visitas culturales de la primera jornada: un
castillo recientemente remodelado junto al que hay unos extraordinarios
jardines que están considerados entre los tres mejores del país y el Museo de
Arte Contemporáneo del Siglo XXI. El Jardín Kenrokuen es un ejemplo de los
jardines del periodo Edo y que fue de uso exclusivo de los señores de la zona
hasta 1874 cuando acabado en Japón el sistema feudal pasó a abrirse al público. El museo es un edificio moderno, casi futurista, circular pero con varias secciones cuadradas y rectangulares que se pueden ver perfectamente en una fotografía aérea, es uno de esos museos que destacan más por lo que son que por lo que tienen, de hecho sus muestras son básicamente temporales.
 |
| Lo blanco de abajo es papel para ver la sombra desde dentro, arriba puertas que son trampas... |
El segundo de los días en Kanazawa (ayer domingo) tuvo tres paradas de las mejores de todo el viaje y que solo por ellas merece la pena pasar al menos una jornada en la localidad. Primero nos dirigimos al templo Myoryuji, que también es conocido como Ninjadera. Ese segundo nombre os recordará a los famosos guerreros ninja y es porque el templo está repleto de trampas y trucos para que los monjes pudieran detectar a cualquier intruso que quisera espiar o hacer alguna fechoría. En la época Tokugawa estaba prohibido hacer templos de más de dos pisos y desde fuera parece que es lo que hay en este, pero no, en el interior entre pisos y entrepisos pudimos contar siete niveles, con escaleras que engañaban, con luces perfectamente situadas para poder controlar las sombras, con falsos suelos, una sala exclusiva para hacerse el harakiri a la que podías entrar pero si estabas ya en ella no podías abrir la puerta: no vale arrepentirse,... un prodigio tecnológico que podría haber hecho un ninja muy espabilado aunque, a pesar del sobrenombre, en el templo nunca hubo ninjas.
 |
| Una de las calles del "barrio de las geishas" |
Después estuvimos en dos barrios muy interesantes, ambos muy bien cuidados por vecinos, comerciantes y municipio. Son los antiguos lugares donde vívían samurais y geishas. Son muy diferentes: grandes casas en el primero, más modestas en el segundo aunque siempre diseñadas para ofrecer buena estancia a los que buscaran la compañía de las geishas. El barrio samurai se llama Naga-machi Buke Yashiki y en él visitamos una casa restaurada, con dos jardines (era lo habitual) y múltiples espacios para el samurai y su familia, una casita muy bien preparada. En el otro barrio, Higashi Chaya gai, hicimos lo propio con una residendia de geishas que también nos muestra parte de la vida de esos personajes tan emblemáticos y, a la vez, herméticos de la historia japonesa. La mejor habitación siempre la del invitado, y supongo con ello el mejor té, la mejor compañía... eso sí, siempre para los pudientes señores.
Algunos llaman a Kanazawa la pequeña Kioto, en realiad no he visto tanto parecido, cierto que hay una zona de templos, museos... pero la gran ventaja de esta ciudad es ofrecer pequeñitas cosas muy bien orientadas, cuidadas y diferentes. Pequeños detalles que nos han cautivado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario