lunes, 5 de agosto de 2013

Fuji por aquí, Fuji por allí ¿dónde está el Fuji?


El monte Fuji es uno de los símbolos de Japón, este volcán de 3776 metros se puede encontrar en cualquier rincón del país en forma de postal, camiseta, grabado o forjado en hierro encima de un semáforo (adjunto imagen), especialmente ocurre en los lugares más cercanos a la montaña donde explotan su valor icónico a turistas tanto extranjeros como nacionales.
Como veis el Fuji también junto a un semáforo (aquí son semáforos horizontales)
Para ver el Fuji elegimos acercarnos a la localidad de Kawaguchiko, a casi dos horas en autobús desde Tokyo. Otra opción hubiera sido intentar ascender a la cumbre o a algunas de las estaciones intermedias del Fuji, pero en vez de realizar semejante esfuerzo nos decantamos por verlo desde un privilegiado mirador en una zona de lagos y bosques. Al menos eso pensábamos, sin embargo la realidad no fue como la imaginaba puesto que había mirador, había bosques, había lagos pero rodeados de esa especie de personaje que se repite en muchos lugares del mundo: los domingueros. Gente que va a pasar el fin de semana a una zona con agua o campo, con el coche monovolumen y la familia al completo. Me dio la sensación que Kawaguchiko es una ciudad muy apta para los domingueros que tienen la mejor de sus áreas en las zonas cercanas a los lagos. Con ellos, turistas (como nosotros) y veraneantes que para eso estamos a primeros de agosto hemos conformado el paraje humano del día de hoy en la zona.

El lago Kawaguchiko desde el teleférico
Los lagos, sobre todo cuando se alejan de la zona urbana, son de postal; lo eran hoy que hacía un día de poco sol y bastante nublado, así que debe ser impresionante la fotografía diaria cuando los rayos lleguen con mayor nitidez. Recorrimos dos de ellos con un servicio de autobús parecido al turístico de las ciudades, de esos en los que te puedes subir y bajar cuando quieras, claro que la frecuencia era bastante mala y no daba para muchas florituras. Interesante es la visita a alguna de las cuevas de lava que hay en la zona, en alguna de ellas se conservan grandes bloques de hielo que hace descender la temperatura hasta los cero grados. Menos mal que llevábamos los chubasqueros verdes de la “Escuela pública” que nos sirvieron para no quedarnos pajarito y poder aguantar el paseo subterráneo.
Las nubes no nos impidieron subir al mirador a través de un teleférico tuneado con personajes parecidos a los dibujos animados, ya en él había conejitos y osos de plástico y unos altares estilo sintoísta con más conejos en piedra, tras ver esto uno se plantea que igual Kipling tenía razón cuando decía eso de que los japoneses son un pueblo infantil. Esta anécdota no me separa de lo realmente interesante: la vista del Fuji. Pues bien, no lo vimos. Las nubes no nos dejaban ni intuirlo. Una pena.
Con esa espina nos fuimos de Kawaguchiko, pero ahí no acababa el día porque el trayecto de vuelta se hizo realmente pesado porque no anduvimos muy espabilados en elegir el día y el medio de locomoción para salir de la gran urbe, la inesperada operación retorno y los dichosos domingueros nos hicieron vivir desde dentro un atasco tokiota de unos cien kilómetros. Ahí es nada.
Sin embargo, no podíamos volver al hotel con un sabor de boca tan amargo. Ya que estábamos en la zona de Shinjuku decidimos subir a uno de los edificios más altos del lugar, las torres gemelas donde se encuentra el gobierno de la ciudad, vamos nuestro Ayuntamiento, y no puedo decir otra cosa que nos quitamos la espina. Una ciudad inmensa y espectacular a nuestros pies desde un piso 45.

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