jueves, 15 de agosto de 2013

Dragones y bambúes



El bosque de bambú en Arashiyama

Arashiyama es uno de los distritos de Kioto que más enseñan al visitante, otra vez nos hemos atiborrado a templos y santuarios, aunque tengo que decir que ya empezamos a seleccionar puesto que la monotonía y los 500 yenes de media de cada entrada hacen mella en el cansancio y en el bolsillo.

El distrito se encuentra a tres paradas de tren del centro de la ciudad y en autobús se tarda una media hora. El punto más importante del lugar es el Tenryuji, un templo cuyo nombre significa “dragón celestial” ya que parece que un sacerdote soñó una vez con un dragón que se dirigía al cielo desde el río Katsura que pasa por allí. La construcción primitiva data del siglo XIV, pero como casi todo en Japón ha sido reconstruido varias veces por culpa de incendios, terremotos u otros accidentes. Este templo ha sido pasto de las llamas en varias ocasiones y los edificios actuales son de principios del siglo XX. Incluso uno de los lugares que más se visitan es una sala con un dragón pintado en el techo, pues bien, la imagen (que puedes ver por el precio de 500 yenes) es de 1990. No os la muestro porque no se puede fotografiar, vamos ni que el dragón fuera a cabrearse…

Cierto es que si de algo puede presumir el templo es de jardines, se mezcla uno de tipo zen seco (grava y piedras) con los verdes de muchas otras plantas, lagos con carpas (animales muy bien considerados por aquí) y el fondo de montañas que hace del entorno del Ternyuji un lugar espectacular.

Lo artificial se mezcla con lo natural de forma perfecta

Después paseamos por un bosque de bambú. Los troncos, más bien cañas, parecen perderse entre las nubes, casi haciendo competencia al dragón que soñó el sacerdote del templo de al  lado. Los turistas con sus cámaras buscan huecos imposibles, en los que la luz del sol juegue con la naturaleza. Fotos y más fotos… y junto al bosque, por las propias calles de Arashiyama, por cualquier camino o carretera los ricksaws, esos vehículos de tracción humana con ruedas de bicicleta, invaden el espacio con gentes de todo el mundo subiditas mientras el esforzado chófer les da conversación o alerta al peatón de su paso. Chóferes con unas zapatillas con forma de pezuña que separan unos dedos de otros y les hacen ser una mezcla de animal de tiro y de deportista olímpico.


Centauros del mundo moderno
Tras agradecer las sombras del bambú tomamos camino a otro templo, el de Joujakkouji, mucho más tranquilo, lo cual se agradece tras ver la Gran Vía o la Quinta Avenida insertadas en pleno bosque. Allí volví a hacer propaganda de esa defensa constante de la escuela pública, espero que no se me tome por pesado, puesto que las grandes luchas han de ser constantes y en cualquier espacio. En este caso el mensaje quedó escrito en un emo, que es una de esas tablillas que se cuelgan en los templos para pedir deseos y qué mejor deseo que el de la escuela de tod@s y para tod@s.

De tod@s, para tod@s

Por último, cruzamos el puente Togetsukyo que cruza el río Katsura y desde el que las vistas son realmente espectaculares, aunque todo el mundo coincide que lo mejor es poder diferenciarlas en las distintas estaciones del año. Vamos que tendré que venir en invierno, otoño y primavera.

Ahora toca salir a cenar algo, posiblemente iremos a la zona de Ponto Cho, bastante animada y repleta de lugares para comer y beber un buen trago. Lo de ayer resultó algo decepcionante, no vimos a ninguna geisha aunque sí que nos topamos con unos tunos de Salamanca. Verlo para creerlo, como no hace calor en estas tierras vienen con los terciopelos de sus trajes. Me parto de risa solo de pensar en un posible cruce de geisha con tuno. Sayonara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario