Arashiyama es uno de los distritos de Kioto
que más enseñan al visitante, otra vez nos hemos atiborrado a templos y
santuarios, aunque tengo que decir que ya empezamos a seleccionar puesto que la
monotonía y los 500 yenes de media de cada entrada hacen mella en el cansancio
y en el bolsillo.
El distrito se encuentra a tres paradas de
tren del centro de la ciudad y en autobús se tarda una media hora. El punto más
importante del lugar es el Tenryuji, un templo cuyo nombre significa “dragón
celestial” ya que parece que un sacerdote soñó una vez con un dragón que se
dirigía al cielo desde el río Katsura que pasa por allí. La construcción
primitiva data del siglo XIV, pero como casi todo en Japón ha sido reconstruido
varias veces por culpa de incendios, terremotos u otros accidentes. Este templo
ha sido pasto de las llamas en varias ocasiones y los edificios actuales son de
principios del siglo XX. Incluso uno de los lugares que más se visitan es una
sala con un dragón pintado en el techo, pues bien, la imagen (que puedes ver
por el precio de 500 yenes) es de 1990. No os la muestro porque no se puede
fotografiar, vamos ni que el dragón fuera a cabrearse…
Cierto es que si de algo puede presumir el
templo es de jardines, se mezcla uno de tipo zen seco (grava y piedras) con los
verdes de muchas otras plantas, lagos con carpas (animales muy bien
considerados por aquí) y el fondo de montañas que hace del entorno del Ternyuji
un lugar espectacular.
| Lo artificial se mezcla con lo natural de forma perfecta |
Después paseamos por un bosque de bambú. Los
troncos, más bien cañas, parecen perderse entre las nubes, casi haciendo
competencia al dragón que soñó el sacerdote del templo de al lado. Los turistas con sus cámaras buscan
huecos imposibles, en los que la luz del sol juegue con la naturaleza. Fotos y
más fotos… y junto al bosque, por las propias calles de Arashiyama, por
cualquier camino o carretera los ricksaws,
esos vehículos de tracción humana con ruedas de bicicleta, invaden el
espacio con gentes de todo el mundo subiditas mientras el esforzado chófer les
da conversación o alerta al peatón de su paso. Chóferes con unas zapatillas con
forma de pezuña que separan unos dedos de otros y les hacen ser una mezcla de
animal de tiro y de deportista olímpico.
Tras agradecer las sombras del bambú tomamos
camino a otro templo, el de Joujakkouji, mucho más tranquilo, lo cual se
agradece tras ver la Gran Vía o la Quinta Avenida insertadas en pleno bosque.
Allí volví a hacer propaganda de esa defensa constante de la escuela pública,
espero que no se me tome por pesado, puesto que las grandes luchas han de ser
constantes y en cualquier espacio. En este caso el mensaje quedó escrito en un emo, que es una de esas tablillas que se
cuelgan en los templos para pedir deseos y qué mejor deseo que el de la escuela
de tod@s y para tod@s.
| Centauros del mundo moderno |
| De tod@s, para tod@s |
Por último, cruzamos el puente Togetsukyo que
cruza el río Katsura y desde el que las vistas son realmente espectaculares,
aunque todo el mundo coincide que lo mejor es poder diferenciarlas en las
distintas estaciones del año. Vamos que tendré que venir en invierno, otoño y
primavera.
Ahora toca salir a cenar algo, posiblemente
iremos a la zona de Ponto Cho, bastante animada y repleta de lugares para comer
y beber un buen trago. Lo de ayer resultó algo decepcionante, no vimos a
ninguna geisha aunque sí que nos
topamos con unos tunos de Salamanca. Verlo para creerlo, como no hace calor en
estas tierras vienen con los terciopelos de sus trajes. Me parto de risa solo
de pensar en un posible cruce de geisha
con tuno. Sayonara.
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