| El famoso jardín zen de Ryoanji |
El japonés es ceremonial en sus formas, cuando uno pregunta cualquier cosa no solo responde también forma parte de un juego organizado de modo de comportamiento. La palabra mágica es "sumimasen" algo así como un comodín que significa por favor, disculpe, me permite... y a partir de que la pronuncias comienza el juego si tienes alguna duda. Y te intentan ayudar aunque no sepan qué quieres, incluso te ayudan haciéndote creer que te dicen lo correcto porque para ellos no contestar a alguna duda es fallar en ese ceremonial de cortesía. En muchas ocasiones son ellos los que detectan al que tiene el problema, por ejemplo te ven con un mapa intentando localizarte en la ciudad o localizando cualquiera de sus rincones, y allí va un japonés a intentar ayudarte. El nivel de inglés es más bien bajo, no lo digo como queja porque siendo de España no puede haber mucha queja al respecto, pero el interés por comunicarse es enorme aunque siempre sin romper las formas, sin invadir tu territorio, con la cautela oriental que rechaza lo excesivo.
| Pagoda de cinco pisos en el Toji |
Íbamos hoy buscando un lugar en el que comer, un rincón en forma de parque en el que poder dar cuenta de unos fideos de pasta fríos con empanadillas de arroz y los típicos cilindros de arroz con cualquier cosa dentro. Estábamos junto a un hermoso templo declarado Patrimonio de la Humanidad, pero en un barrio que casi parecía un polígono industrial pero sin industrias, unas calles desangeladas sin apenas vida y más ahora que estamos en fiesta. Y apareció el japonés de turno para indicarnos el rincón donde nos hemos alimentado disfrutando de una leve brisa que ha calmado el calor de las horas centrales del día.
Hasta ese momento habíamos conocido dos nuevos rincones de Kioto, el primero de ellos otro icono de estas tierras: el famoso jardín zen del templo Ryoanji, un rincón pequeño dentro de un lugar enorme. Los iconos nos están defraudando, no porque no sean hermosos, lo que pasa es que vemos tantas cosas diferentes y de verdadera postal que aquellos no sobresalen en absoluto, jardines llenos de verde con lagos repletos de nenúfares, construcciones de maderas diversas, olores a incienso y silencio si te alejas de las manadas de turistas. Ahora hay mucho visitante, especialmente de aquí mismo puesto que estamos en el momento de año en el que disfrutan de sus pocos días de vacaciones. Después destaco la comunidad italiana, no sé si por numerosos o por ser fácilmente localizables gracias a sus gestos, voces excesivas y la guía típica en italiano. Decía que el jardín zen de rocas y grava nos ha parecido tan interesante o menos que otras cosas. El segundo templo que vimos es ejemplo de esto que decía, es el de Nishi Honganji, es el templo del oeste que levantó muchas suspicacias al primero de los Tokogawa que creó otro no muy lejos al que llamaron Higashi Honganji, el del este, pero no tan especial como el primero en el que además de su imponente arquitectura escuchamos los cánticos de los monjes budistas. Y otra analogía con la tradición más cercana a las tierras propias ¿qué tal un concurso de voces entre éstos y los monjes de Silos con su gregoriano?
Después de la comida ya especificada al principio, fuimos al templo Toji que tiene como seña de identidad una pagoda de cinco pisos de casi sesenta metros de altura, posiblemente la más imponente de todo Japón. Además los tres edificios del templo guardan esculturas de Buda y de los guardianes del cielo que, como en todos los templos de confesión budista, hacen lo posible por lograr la derrota de los enemigos del budismo.
Tras la nueva ruta volvimos al ryokan a disfrutar de una siesta de media tarde y de una confortable sesión en el baño japonés que han mandado el cansancio al mismísimo carajo. Y ahora toca cenar en un barrio con bastante tradición en Kioto, concretamente el de Gion que es conocido por ser el lugar en el que con más facilidad se pueden contratar geishas, algunas verdaderas otras aprendices o simples disfrazadas que dan el pego a quien no controle del asunto.
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