| Los alces son los reyes de Miyajima |
"Atención ¡ha pasado! un alce se comió la JR Pass de un turista y este documento no se vuelve a hacer si se pierde o desaparece. Tengan cuidado." Algo así aparece escrito en uno de los folletos que nos han dado hoy al visitar la isla de Miyajima y, sinceramente, nos parecía bastante difícil que alguien no anduviera con cuidado cuando un animal salvaje se acercara a sus pertenencias. Sin embargo, la realidad siempre supera a la ficción, básicamente porque los alces pasean por las calles cercanas al puerto de la isla de Miyajima como Pedro (precisamente Pedro) por su casa. Son como perros abandonados pero respetados por todos porque hacen lo les sale de la real gana, se tumban en las aceras, muerden cuerdas y telas de los puestos que ya están cerrando, husmean con sus hocicos en los bolsos y mochilas de los turistas... vamos unas lindas criaturas con carita de Bambi pero adiestrados para hacer fechorías. Hay que reconocer que lo rara de la situación hace que se lo perdonemos todo y sus acciones de bandoleros a cuatro patas quedan como anécdoas curiosas para el que las ve, igual no tanto para quien las sufre.
| La Ohtorii rodeada de agua. Marea alta. |
La isla en cuestión tiene como icono una ohtorii (puerta sagrada) que se sitúa en medio del mar porque a través de ella se accede al santuario de Itsukushima-Jinja que data del siglo XII, aunque obviamente está reconstruido. En la isla solamente podían estar los nobles dado que tiene carácter sagrado y los plebeyos solo podían entrar por vía marítima, los barcos pasaban para entrar en zona sacra por debajo de la torii, la actual estructura data de 1875 y tanto ella como el santuario están pintados en color bermellón para evitar la corrosión y ahuyentar a los malos espíritus. Dije que la puerta está en el mar, pero eso es solo cuando la marea está alta ya que cuando baja se puede acceder a su base caminando.
| La Ohtorii rodeada de turistas cuando baja la marea. |
Desde el santuario, junto al que hay otra pagoda de cinco pisos como en visitas anteriores, parten caminos que suben hasta un mirador en la cumbre del monte Misen a 535 m sobre el nivel del mar pasando junto a templos y santuarios, así como la conocida "llama eterna" encendida supuestamente hace 1200 años y de la que se prendió la que existe en el Parque de la Paz de Hiroshima, ciudad que está a apenas 10 minutos en barco. Sin ser un paseo tremendamente duro tiene en esta época un considerable problema: la humedad, jamás he sudado en mi vida como hoy, iba como si me hubieran echado un cubo de agua por encima y el calor se hacía insufrible. Menos mal que la mayor parte de la ascensión la hicimos en teleférico, pero la parte final y la bajada (decidimos hacerla a patita) fueron agotadoras. Pero el paseo, la puesta de sol junto a la torii, unas ostras recién hechas y un dulce local parecido a una magdalena con forma de hoja y con relleno merecieron la pena.
Ya regresábamos al puerto para subir al ferry de vuelta cuando un alce merodeaba por la especie de paseo maritimo que hay por la zona, una turista fotografiaba la puesta de sol y junto a ella su bolso, el animal totalmente conocedor de los descuidos humanos metió su hocico y sin muchas contemplaciones agarró un papel verde que sobresalía, la turista entre sorprendida y asustada intentó quitárselo pero el alce no cedía, pensábamos que era un simple folleto turístico, pero no, la pobre pero ingenua mujer empezó a ponerse nerviosa, a intentar usar un periódico como reclamo para ver si el Bambi de turno soltaba el papel, no hubo forma y se lo acabó comiendo. La turista se quedó llamando por teléfono convenciendo a alguien de que un documento cualquiera, parece que de bastante importancia, estaba en el estómago de un alce. Sin duda ¡ha pasado!
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