| Un lago, una casa de té, tranquilidad en la ciudad. |
Después
decidimos ir a ver una exposición con lo mejor del “mundo flotante”, la corriente artística de algunos de los
mejores pintores y grabadores que ha dado Japón desde mediados del siglo XIX.
La desgracia se apoderó de nosotros puesto que era el día de la semana en el
que cierra y puesto que finaliza el día 11 y ya no estamos en la capital no la
podremos ver. Habrá buenas alternativas.
La primera
parada turística de la jornada fue el Jardín de Hama-rikyu que, aunque reconstruido,
proviene de la época Tokugawa que era la antigua familia gobernante. Su
estanque está conectado directamente a la bahía con lo cual se convierte en el
único del lugar con agua salada, en medio de él se encuentra el salón de té,
una casita de madera que hace esa función, eso sí pagando unos tres euros y
medio por un té verde tradicional y una especie de dulce muy parecido a las
famosas yemas de Ávila. Mereció la pena porque el paraje es realmente precioso,
de nuevo mezclando lo tradicional y la tranquilidad del jardín con el bullicio
que se podía percibir de fondo donde los grandes edificios reinan.
| Una de las vistas desde las torres del gobierno municipal tokiota |
Tras el verde
del parque nos fuimos hacia la Torre de Tokyo, una hermana de color rojo de la
Torre Eiffel pero algo más alta y más moderna puesto que data de 1958.
Sinceramente para lo que es el tema torres mucho mejor París. No subimos puesto
que hicimos una nueva parada en las torres de las oficinas municipales en
Shinjuku aunque con algo más de luz y vida inferior que en el día anterior y de
nuevo pudimos disfrutar de unas más que impresionantes vistas. Tras las alturas
volvimos a la calle para pasear por el
distrito, uno de los más activos, modernos
y comerciales de Tokyo. Su barrio de tiendas electrónicas, o barrio
eléctrico (no confundir con la calle eléctrica), con enormes letreros
iluminados nos dejan una de las típicas fotos tokiotas, o los típicos cruces
junto a la estación de Shinjuku que por las mañanas concentran a miles de
uniformados oficinistas que al cambio de semáforo se cruzan como hormiguitas en
busca del hormiguero laboral. Por la noche es un derroche lumínico que le sirve
para competir con el Time Square neoyorquino. La estación es la más concurrida
del mundo y como la central da la sensación que se ha construido como excusa
para poner en marcha un enorme centro comercial, claro que ninguno como el que
visitamos por la noche para cenar: el Roppongi Hills en el distrito de Roppongi
y que son varios edificios conectados con más de 200 tiendas, un montón de
restaurantes, una emisora de televisión, un museo, unos cines, una cascada, una
copia de la araña de Louise Bourgeois del Guggenheim bilbaino… necesitas casi
de una guía para poder moverte por la zona.
Hoy es 6 de
agosto, se cumplen 68 años del lanzamiento de la primera bomba atómica en
Hiroshima donde dormiremos mañana tras pernoctar hoy en Nikko (ahora mismo
vamos de camino). Con el recuerdo a todas las víctimas innecesarias de aquel
episodio os dejo para disfrutar de las vistas desde el tren bala.
Sayonara.
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