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| Plano de los barrios lisboetas |
Llevaba ya un tiempo con la idea de escaparme en solitario, de hacer un retiro no muy largo (que lo de la vida social y en sociedad me encanta) pero lo suficiente para desaparecer del verano madrileño totalmente cubierto por las actividades del JMJ. Como quise cuadrar el tema económico, el tiempo, la lejanía, el idioma y las ganas me decidí por Lisboa, capital de una Portugal que sufre como nadie los efectos de eso que llaman crisis y que, cada vez más, pienso que es una estrategia fielmente planeada para los ricos tengan más y los pobres estén más jodidos. El caso es que me escapo a Lisboa y me la imagino con la luz de sus atardeceres de siempre, y con su olor a estuario del Tajo. Con el estilo manuelino y las pastelerías. Con los tranvías trepando hacia el Castelo de San Jorge y la Torre de Belem vigilante.
No sé cómo estará Lisboa, si sentada y melancólica escuchando un fado, o empuñando claveles con la Grândola Vila Morena de fondo.

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