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| La Torre de Belem desde abajo |
Hace bastante tiempo, casi una década, me leí el libro de Saramago "Historia del cerco de Lisboa". Como casi todo lo que leo de Saramago me encandiló. La portada del libro tenía una fotografía de la Torre de Belem y sin saber el porqué me enamoré de la torre. Obviamente pasar por Lisboa y no verla es casi un delito. Por eso cuando vine anteriormente a la ciudad era una de mis prioridades, sin embargo al llegar al pie del edificio cerraron las puertas y me tuve que conformar con ver a "mi amada" desde abajo, con el disgusto en el cuerpo por no poder entrar en ella ("entrar en ella", ha quedado un poco guarrete teniendo en cuenta que hablo de un amor). Al volver a la capital de Portugal tenía antojo de torre (ayer era de sardinas) y hoy cumplí el deseo de conocerla por dentro. Esbelta estaba ella en la ladera del Tajo, vigilando ya el Atlántico, guardando a la ciudad de ataques. Saramago en su libro nos presenta a un personaje que cambia la historia de Lisboa solo poniendo un no en vez de un sí. No sé si la torre sabrá algo de ello, pero lo que está claro es que el propio Saramago estaría encantado con que el no a muchas cosas cambiara la historia de todos, o al menos la de muchos.
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| Tranvía que baja (y sube) |
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| Plaza del Municipio, con el Pelourinho |
Hoy la ciudad ha hablado más que ayer, es cierto que he ido de turista cultureta ya que, además de la torre, fui al Monasterio de los Jerónimos (obra de arte del estilo Manuelino), al Museo Arqueológico de Lisboa, al Museo de los Carruajes, al Castelo de San Jorge y tras un paseito aparqué mi pompis en un banco frente a la portada de la Seo, la Catedral. Como os decía en estos sitios la ciudad hablaba mucho, obviamente se hacía políglota para intentar comprender a todos los que de fuera la estamos pisando, no sé si incomodando en demasía. Eso sí, a veces callaba como ayer y te deja que te pierdas, mientras tanto se ríe puesto que perderse, o confundirse de calle, en Lisboa tiene bastante peligro, y no hablo por que te vayan a atracar o cosas por el estilo, no, hablo por las cuestas. Lisboa es un subibaja constante, menos mal que los tranvías trepan clavando sus ruedas entre los adoquines. Pero si lo intentas a pie puedes acabar acordándote del ser humano al que se le ocurrió que había que defenderse de los demás subiéndose a lo alto de los cerros.
Hablaba ayer, y antes, de antojos. Pues tengo otro: comer bacalao. Os puedo asegurar que en lo que me queda de noche me quito otra nueva espina (que hablando de pescado la expresión viene perfecta).
Seguiremos informando
Vaya! Veo que estás aprovechando mucho la ciudad! Deduzco que te ha gustado la torre, da para escribir un relato, eh?
ResponderEliminarMuchos besos, y si te sirve de consuelo hoy iré a la manifestación antipapa en representación tuya también. Para que veas que los que nos quedamos intentamos resistir!