He dedicado el día a conocer los dos museos que más me interesaba conocer de la visita a Lisboa, y como la jornada parecía calurosa he acertado de pleno, puesto que la mayoría de los espacios museísticos tienen en común servicios limpios y temperatura fresca.
El primero en caer no era en sí un museo, básicamente es una fundación en la que hay un museo, un centro de arte moderno y zona para exposiciones temporales. Además los edificios están dentro uno de los descubrimientos de este viaje: un precioso parque que de haberlo conocido hubiera sido mi salón comedor de hoy. Se trata de la Fundación Calouste Gulbekian. El caballero que da nombre a la citada entidad fue uno de esos ricachones que hicieron gran fortuna gracias al petróleo. Inglés de origen armenio, decidó venirse a Portugal durante la II Guerra Mundial y mucho le debió gustar esto porque aquí se quedó, y como era un millonario pero con sensibilidad hacia las artes decidió crear la fundación y llegar a un acuerdo con el estado luso. El caso es que te puedes pasar el día viendo su museo en el que aparecen un montón de obras de diverso estilo, aunque bien ordenadas: me encantaron las miradas bien pintadas por Van Eyck, Rembrandt, Rubens, Manet y Monet; los paisajes venecianos de Guardi, un mar en tespestad de Turner, un relieve asirio, una estatua funeraria de madera policromada de la XI dinastia egipcia y un torso griego. Vamos un revoltijo de arte diverso y antiguo.
Después entré en la exposición temporal Fronteiras. Me pareció interesantísima: fotografías y documentos videográficos que son radiografías de la situación actual en África. Imágenes duras y críticas de autores diversos con escenarios como Mali, República Sudafricana, Libia, o el Chad.
Finalmente, la fundación me ofreció la posibilidad de ver arte moderno, vamos directamente contemporáneo en su mayoría de autores portugueses. Y aparece siempre la misma reflexión: o pienso que pienso poco para intentar comprender lo que pensó el autor cuando decidió hacer la obra o pienso que da igual lo que piense porque el autor piensa que su creatividad es tan abstracta como el arte que produce. Sigo sin saber qué pensar.
Con el interrogante encima de la cabeza di un buen paseito por el parque de la fundación, repleto de sombras y césped, con alguna obra artística (contemporánea) adornando el panorama.
Después me largué al Museo de Arte Antiguo y de nuevo pintura, en gran medida bastante mediocre, pero con alguna cosa interesante: Zurbarán y Murillo (por aquello del sabor patrio) y especialmente El Bosco del que hay tres obras en el museo (si bien alguna gracias a colaboración con otras entidades). Entonces te planteas qué pensarían sus contemporáneos al ver sus obras. No sé yo si llegarían a reflexiones como la arriba descrita cuando me enfrento a buena parte del arte actual. Además en el museo había mucha porcelana china (que para eso los portugueses andaron por aquellas tierras de oriente), muebles y objetos religiosos como la famosa Custodia de Belem. Muy original una iniciativa que consistía en intercalar obras contemporáneas, algunas obtenidas gracias al reciclaje, junto a obras de varios siglos anteriores.
Al salir del museo paseo de los míos por algunas calles casi anónimas, buscando algún local de comidas que me aleje de las rutas turísticas (como el de ayer en el que cené un bacalao extraordinario con una sopita deliciosa por siete euros y medio, cerveza incluída).
Hoy tengo antojo de arroz y, como ayer, intentaré llevarlo a cabo. No tardaré mucho en cenar, que aquí se cena antes y estoy con una ensalada, además mi siguiente día será el de la visita de Simtra y quiero empezar tempranito la jornada.
El primero en caer no era en sí un museo, básicamente es una fundación en la que hay un museo, un centro de arte moderno y zona para exposiciones temporales. Además los edificios están dentro uno de los descubrimientos de este viaje: un precioso parque que de haberlo conocido hubiera sido mi salón comedor de hoy. Se trata de la Fundación Calouste Gulbekian. El caballero que da nombre a la citada entidad fue uno de esos ricachones que hicieron gran fortuna gracias al petróleo. Inglés de origen armenio, decidó venirse a Portugal durante la II Guerra Mundial y mucho le debió gustar esto porque aquí se quedó, y como era un millonario pero con sensibilidad hacia las artes decidió crear la fundación y llegar a un acuerdo con el estado luso. El caso es que te puedes pasar el día viendo su museo en el que aparecen un montón de obras de diverso estilo, aunque bien ordenadas: me encantaron las miradas bien pintadas por Van Eyck, Rembrandt, Rubens, Manet y Monet; los paisajes venecianos de Guardi, un mar en tespestad de Turner, un relieve asirio, una estatua funeraria de madera policromada de la XI dinastia egipcia y un torso griego. Vamos un revoltijo de arte diverso y antiguo.
Después entré en la exposición temporal Fronteiras. Me pareció interesantísima: fotografías y documentos videográficos que son radiografías de la situación actual en África. Imágenes duras y críticas de autores diversos con escenarios como Mali, República Sudafricana, Libia, o el Chad.
| Una de esas fotografías críticas de las que os hablo. Hablan de petróleo cuando se necesita agua. |
Con el interrogante encima de la cabeza di un buen paseito por el parque de la fundación, repleto de sombras y césped, con alguna obra artística (contemporánea) adornando el panorama.
| San Pedro (Zurbarán) junto a un vestido con la cara de Mao |
| Pintemos una taza de váter y hagamos arte |
Al salir del museo paseo de los míos por algunas calles casi anónimas, buscando algún local de comidas que me aleje de las rutas turísticas (como el de ayer en el que cené un bacalao extraordinario con una sopita deliciosa por siete euros y medio, cerveza incluída).
Hoy tengo antojo de arroz y, como ayer, intentaré llevarlo a cabo. No tardaré mucho en cenar, que aquí se cena antes y estoy con una ensalada, además mi siguiente día será el de la visita de Simtra y quiero empezar tempranito la jornada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario