sábado, 20 de agosto de 2011

Lisboa gris, natural y dulce.

Para mis padres en el mundo solo hay dos países: Spain y "lo demás". Supongo que, al contrario de lo habitual, estarán contentos de que esté en "lo demás" sabiendo la que hay montada en Madrid y sabiendo también qué iba a estar haciendo allí. Cuando estoy en "lo demás" una de las cosas que más me gusta es que me pregunten por determinados sitios, calles, locales, monumentos,... al menos a mi me genera la sensación de que no parezco un turista de los habituales. De hecho para llegar al ciber en el que estoy he cruzado una de las calles de restaurantes típicos destinados al público extranjero y ninguno de los encargados de arrimar el ascua a su sardina (estando donde estoy buen ejemplo eh!) se ha dirigido a mi: me verán pobre? un zumbado solitario? obviamente lo de ir con uno mismo ayudará en pasar desapercibido de cara a ese tipo de negocios.
Hoy Lisboa estaba gris, otonhal diría yo, buena temperatura pero amenazando lluvia y cumpliendo las amenazas de vez en cuando. Lo bueno es que a mi me ha pillado en el Jardín Botánico, bueno en uno de los tres jardines botánicos que tiene la ciudad, y que te pille la lluvia bajo los grandes árboles es sinónimo de pasear entre paraguas naturales. Eché la manhana en el jardín, situado junto al museo de historia natural, que tiene cuatro hectáreas llenas de sorpresas, tranquilas sorpresas dentro de la tranquila ciudad. Un mariposario ha completado la visita natural, puesto que viendo como estaba el cielo decidí permanecer para hacer pic-nic bien resguardado de la lluvia. He vuelto al fiambre, al tomate y al queso (eso sí queso del país) y a la fruta que tantas hambres quitaron en Italia hace unas semanas.

Un trocito del Jardín Botánico

Después fui a una de esos café-pastelería que salpican la ciudad. Muchos evocan al mundo de las letras con detalles o imágenes recordando a autores como Eça de Queiroz o Fernando Pessoa, como si por allí se hubieran celebrado tertulias o se hubieran escrito líneas maestras para los lusoparlantes. Chocolate y té me empujaron de nuevo al paseo: tocó el Barrio Alto y Chiado. Barrios del XIX con calles más ordenadas y rectas que Alfama, barrios de moda en los que las cámaras cuelgan de manos y pescuezos, en los que la música moderna ejerce de mosaico auditivo con silencios. Lisboa ciudad de silencios. El Barrio Alto más tranquilo desemboca cerca del Largo do Chiado mucho más bullicioso, con el traqueteo de los coches cuando sus neumáticos rozan los adoquines irregulares de las calzadas. La estatua de Pessoa, sentado, con el desasosiego de aquel al que nunca dejan en paz porque las fotografías llueven sobre su imagen. Dice mi guía que Lisboa es un rompecabezas, no es mala la comparación. Hoy puse dos o tres piezas más al puzzle que me llevaré el lunes a Madrid.
Después cumplí una de las tradiciones: complar el atlas del país, el atlas escolar con el destaque de Portugal que me tuvo un buen rato anonadado. Hay gente que me ha expresado que no entiende la razón de mi colección ya que todos los mapas son iguales. Pero no es así, cada atlas de cada país es un mundo distinto porque cada uno expresa el mismo mundo pero alrededor del país en el que se vende, en el que se comercializa el libro sobre todo si es para escolares.

Ayer me encontré de sopetón con un concierto de un grupo con mucho instrumento de viento, en plan música de los gitanos rumanos o eslavos. Pero haciendo versiones de jazz, rock (hasta de Los Ramones!). Después al cine de verano, tumbado en plena plaza de Rossío en primera fila. Hoy hay más cosas al aire libre, aunque supongo que dependerá de las condiciones climatológicas. Veremos si aguanta la noche.


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