martes, 23 de agosto de 2011

Moito Obrigado, bacalao.

El dueño del establecimiento sudaba enfadado ante los apagones, algún utensilio eléctrico tendría que hacer contacto y generaba que los plomos saltaran y todo el restaurante se quedara sin luz. Así hasta siete veces. El señor se acercó a los clientes y nos pidió disculpas. Movía la cabeza de un lado a otro, contrariado, defraúdado con la técnica. Pero más tarde llegó con el plato: Bacalao con patatas fritas y cebollita tierna. Se desacía en la boca. Se volvió a ir la luz y a oscuras el bacalao sabe igual de rico. Afortunadamente al señor se le olvidó que antes había pedido sopa... mucho mejor el olvido porque la cantidad era más que suficiente para la despedida gastronómica y más teniendo en cuenta que había comido entrantes y me faltaba el postre. Me metí una ración de Baba do Camelo. Punto y final con los ojos haciendo chirivitas tras la cena y la jarra de medio litro de vino verde.

Concierto en la Avenida de la Liberdade

Antes concierto. Música de viento con batería haciendo versiones de jazz, de bandas sonoras o interpretando composiciones propias. Fue en la Avenida, junto al monumento de los caídos en la Gran Guerra. Sonó hasta la musiquilla de El Equipo A y de El Coche Fantástico. Volver a la infancia en Lisboa, como un fado que añora tiempos pasados.
La mañana del lunes la dediqué al último paseo. Pasé por el mercado de San Pablo que estaba casi desierto, pocos puestos y todos de fruta con lo que me hubiera gustado ver los de pescao. Claro que ya eran las once de la mañana y el pescao ya estaba vendido... como en el viaje.

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