martes, 23 de agosto de 2011

Lo mejor, lo peor

Lisboa quedó más activa de lo que la saludé a mi entrada, entonces la calma reinaba en casi todas sus calles en día de fiesta a pesar de actividades deportivas y culturales. Ayer, lunes, la ciudad empezaba a moverse, especialmente en la parte baja de la Avenida de la Liberdade, junto a Rossío, en las calles de la Prata o Aurea, junto a la Plaça do Municipio... Hoy la ciudad se movía a golpe de acelerador y de ojeadores de escaparates. De bancos que empezaban a despertarse de un agosto que, como las finanzas del país, se ha tornado demasiado gris.

Lo que más me gustó de este viaje lisboeta:
-Ciudad Puzzle. Eso es Lisboa, un lugar formado por muchos lugares, por muchas piezas casi sin contacto pero que conforman un cuadro especial. El Baixo no sería nada sin el Chiado, Alfama no sería igual sin la zona del Castelo, Pombal no tendría valor sin la avenida que le une a Rossío. Pero cada pieza tiene un encanto por sí misma. Patear Lisboa es patear muchas Lisboas.

Una pieza del puzzle desde uno de los miradores

-La comida. Pescado como en pocos sitios, el bacalao es un escándalo, dulces exactacmente igual. Ponerse ante un simple plato de sardinas o ante el más sofisticado de los dulces es un lujo al alcance de todo el mundo en la capital portuguesa... y si se acompaña de un buen vino mejor.
-La Torre de Belem. Porque la añoraba, porque quería conocerla por dentro, porque vigila la ciudad y hace frente al enemigo que llega desde el Atlántico. Por sus esferas manuelinas y sus remates recordando a los árabes y a Marrakech. Es el más conocido de los símbolos arquitectónicos de Lisboa aunque no es el mejor, pero es que la tengo cariño.

Lo que menos me ha gustado:
¡Aquí podría vivir gente! (y así en muchos sitios)
-Tener fama de decadente es un punto, pero llevar la decadencia como señal de identidad es un vicio. Muchas casas en mal estado, edificios pésimamente conservados y muchos de ellos vacíos lo que hace que algunos grupos políticos y ciudadanos pidan con insistencia que se utilicen. Lisboa necesita que su eterna decadencia no se convierta en heridas permanentes en las rúas.
-El transporte es necesario para vivir en una ciudad como Lisboa pero es caro. La crisis ha hecho que los precios hayan subido aún más pero 2.85 por un billete de tranvía me parece excesivo, al igual que 1.75 por uno de autobús. Cierto es que hay combinados que lo hacen más barato pero un billete sencillo no puede ser sencillamente un atraco.
-Si eres andarín las cosa se pone complicada. Con las cuestas ya se cuenta ¡y son muchas! que las siete colinas dan mucho desí... pero los adoquines y mosaicos de calzada y aceras además de ser ya de por sí incómodos, muchas veces están levantados y parece que el mantenimiento brilla por su ausencia. Además los semáforos tardan muy poco en cerrarse. La vida del peatón es muy mejorable en Lisboa.

Moito Obrigado, bacalao.

El dueño del establecimiento sudaba enfadado ante los apagones, algún utensilio eléctrico tendría que hacer contacto y generaba que los plomos saltaran y todo el restaurante se quedara sin luz. Así hasta siete veces. El señor se acercó a los clientes y nos pidió disculpas. Movía la cabeza de un lado a otro, contrariado, defraúdado con la técnica. Pero más tarde llegó con el plato: Bacalao con patatas fritas y cebollita tierna. Se desacía en la boca. Se volvió a ir la luz y a oscuras el bacalao sabe igual de rico. Afortunadamente al señor se le olvidó que antes había pedido sopa... mucho mejor el olvido porque la cantidad era más que suficiente para la despedida gastronómica y más teniendo en cuenta que había comido entrantes y me faltaba el postre. Me metí una ración de Baba do Camelo. Punto y final con los ojos haciendo chirivitas tras la cena y la jarra de medio litro de vino verde.

Concierto en la Avenida de la Liberdade

Antes concierto. Música de viento con batería haciendo versiones de jazz, de bandas sonoras o interpretando composiciones propias. Fue en la Avenida, junto al monumento de los caídos en la Gran Guerra. Sonó hasta la musiquilla de El Equipo A y de El Coche Fantástico. Volver a la infancia en Lisboa, como un fado que añora tiempos pasados.
La mañana del lunes la dediqué al último paseo. Pasé por el mercado de San Pablo que estaba casi desierto, pocos puestos y todos de fruta con lo que me hubiera gustado ver los de pescao. Claro que ya eran las once de la mañana y el pescao ya estaba vendido... como en el viaje.

domingo, 21 de agosto de 2011

De Bollywood al Fado

Plaza de Figueira con un tranvía en primer término
Amalia Rodrígues fue una fadista portuguesa y es una de las glorias nacionales del país. Ella cantaba los fados como nadie y se puede decir que puso las normas de cómo interpretarlos. Hoy estuve en los jardines que llevan su nombre, que no son otra cosa que un pequenho apartado dentro de los de Eduardo VII situados junto a la Plaça Marqués de Pombal. Desde allí se puede ver una maravilloso panorama de Lisboa en el que la Avenida de la Liberdade parece un tobogán que muere en el Tejo que queda al fondo.
Hoy disfruto de la última jornada completa en la ciudad puesto que manhana regreso a la realidad de Madrid y lo hago como siempre: pateando y parándome, disfrutando pausadamente del instante. Pasé por la plaça de la Alegría en el que había un diminuto mercado de artesanía, en uno de los cuatro puestecillos que había sonaba fado. Curioso un fado, generalmente tristón y melancólico, en la Alegría.

Vista de Lisboa desde el Parque Eduardo VII.

Fui al Baixo, la zona más turística en donde hice las compras que tenía previsto parándome en algunos rincones otrora desapercibidos, vi por tecera vez a un joven disfrazado de payaso tirando de su perro en busca de un lugar donde hacer malabares. Le vi triste, es un payaso triste que cuando interpreta da algo de lástima. Su cara está pintada a trozos y descolorida como si fuera la chaqueta de aquel payaso al que el detergente le ponía en ridículo ante otro companhero que usaba uno mejor (eso decía el anuncio).
El color lo pone Bollywood, que ayer por la noche me tragué una peli entera del género que tanto furor hace en La India. La pusieron dentro de unas jornadas que llaman "Lisboa en la rua" y diréis qué hacía yo tragándome casi tres horitas de película previsible, de mala calidad, en versión original y con subtítulos en portugués. Lo primero es que el lugar elegido es un sitio mágico dentro de la ciudad: bajo el arco de Augusta que es la entrada principal a la Plaça do Comerço, lo segundo era que los comentarios de algunas parejas espanholas que había a mi alrededor eran mejores que la propia proyección, lo tercero es que la famosa empresa de muebles que los vende a trocitos para que tú los montes puso unas cómodas butacas de plástico con un colorido cojín y se estaba de muerte sintiendo la brisa del Tajo... y, por último, porque me gustaba el cojín y pensé que igual te lo dejaban llevar. Error. Al acabar la función (sin aplausos, por cierto) un maromo que parecía un armario empotrado se dedicó a vigiliar si había alguien llevándose los cojines y pasito a pasito los iba guardando en una caja para evitar hurtos.
Hoy espero tener más suerte (con el espectáculo porque en lo relativo a lo del cojín renuncio) y en un par de horitas iré a ver un concierto en plena avenida. Después quiero hacer la despedida gastronómica y ya le he echado el vistazo a un par de sitios interesantes y a buen precio, y que además están abiertos en domingo.

sábado, 20 de agosto de 2011

Lisboa gris, natural y dulce.

Para mis padres en el mundo solo hay dos países: Spain y "lo demás". Supongo que, al contrario de lo habitual, estarán contentos de que esté en "lo demás" sabiendo la que hay montada en Madrid y sabiendo también qué iba a estar haciendo allí. Cuando estoy en "lo demás" una de las cosas que más me gusta es que me pregunten por determinados sitios, calles, locales, monumentos,... al menos a mi me genera la sensación de que no parezco un turista de los habituales. De hecho para llegar al ciber en el que estoy he cruzado una de las calles de restaurantes típicos destinados al público extranjero y ninguno de los encargados de arrimar el ascua a su sardina (estando donde estoy buen ejemplo eh!) se ha dirigido a mi: me verán pobre? un zumbado solitario? obviamente lo de ir con uno mismo ayudará en pasar desapercibido de cara a ese tipo de negocios.
Hoy Lisboa estaba gris, otonhal diría yo, buena temperatura pero amenazando lluvia y cumpliendo las amenazas de vez en cuando. Lo bueno es que a mi me ha pillado en el Jardín Botánico, bueno en uno de los tres jardines botánicos que tiene la ciudad, y que te pille la lluvia bajo los grandes árboles es sinónimo de pasear entre paraguas naturales. Eché la manhana en el jardín, situado junto al museo de historia natural, que tiene cuatro hectáreas llenas de sorpresas, tranquilas sorpresas dentro de la tranquila ciudad. Un mariposario ha completado la visita natural, puesto que viendo como estaba el cielo decidí permanecer para hacer pic-nic bien resguardado de la lluvia. He vuelto al fiambre, al tomate y al queso (eso sí queso del país) y a la fruta que tantas hambres quitaron en Italia hace unas semanas.

Un trocito del Jardín Botánico

Después fui a una de esos café-pastelería que salpican la ciudad. Muchos evocan al mundo de las letras con detalles o imágenes recordando a autores como Eça de Queiroz o Fernando Pessoa, como si por allí se hubieran celebrado tertulias o se hubieran escrito líneas maestras para los lusoparlantes. Chocolate y té me empujaron de nuevo al paseo: tocó el Barrio Alto y Chiado. Barrios del XIX con calles más ordenadas y rectas que Alfama, barrios de moda en los que las cámaras cuelgan de manos y pescuezos, en los que la música moderna ejerce de mosaico auditivo con silencios. Lisboa ciudad de silencios. El Barrio Alto más tranquilo desemboca cerca del Largo do Chiado mucho más bullicioso, con el traqueteo de los coches cuando sus neumáticos rozan los adoquines irregulares de las calzadas. La estatua de Pessoa, sentado, con el desasosiego de aquel al que nunca dejan en paz porque las fotografías llueven sobre su imagen. Dice mi guía que Lisboa es un rompecabezas, no es mala la comparación. Hoy puse dos o tres piezas más al puzzle que me llevaré el lunes a Madrid.
Después cumplí una de las tradiciones: complar el atlas del país, el atlas escolar con el destaque de Portugal que me tuvo un buen rato anonadado. Hay gente que me ha expresado que no entiende la razón de mi colección ya que todos los mapas son iguales. Pero no es así, cada atlas de cada país es un mundo distinto porque cada uno expresa el mismo mundo pero alrededor del país en el que se vende, en el que se comercializa el libro sobre todo si es para escolares.

Ayer me encontré de sopetón con un concierto de un grupo con mucho instrumento de viento, en plan música de los gitanos rumanos o eslavos. Pero haciendo versiones de jazz, rock (hasta de Los Ramones!). Después al cine de verano, tumbado en plena plaza de Rossío en primera fila. Hoy hay más cosas al aire libre, aunque supongo que dependerá de las condiciones climatológicas. Veremos si aguanta la noche.


viernes, 19 de agosto de 2011

Los barrios y sus gentes

Palabras de Saramago
Decía Saramago que su Lisboa era la de los barrios humildes y aunque acabó viviendo en sitios de mejor nivel económico el recuerdo de la ciudad era el recuerdo de cuando era joven.
Santa Apolonia es un barrio en el que acaba una línea de metro, pero que creo que no siempre llega porque a veces suspenden el tránsito hasta allí. Además tiene una estación fluvial y una de tren. Algunos vecinos están un poco enfadados porque la entrada a la estación ferroviaria que da a la zona más alejada del río está cerrada. Quien me conoce bien sabe que me he sentido identificado con los de Santa Apolonia.
También cerca del barrio hay dos museos: el del agua y el Nacional del Azulejo, he ido a los dos y, especialmente el segundo, me ha parecido una pasada. Realiza un recorrido por la historia de la tradición azulejera portuguesa y presenta los disenhos más interesantes. Desde el inicio de la Edad Moderna hasta el momento actual se analizan las transformaciones estéticas en los azulejos. El museo está situado en un antiguo Monasterio, el de Madre de Deus, lo cual hace que el edificio ya de por sí sea un encantador lugar de visita.
Después de los Museos hice lo que más me gusta: pasear por los barrios, algunos de ellos verdaderamente insignificantes para los turistas, pero en ellos me siento muy cómodo y si no hago fotos con personas (salvo alguna excepción) es, básicamente, por vergüenza o para salvaguardar el derecho a la imagen de los afectados. Había trabajadores de la construcción echándose la siesta en plena calle cuando a las 12 más apretaba el sol, ninhos (crianças) paseando y que me miraban como a un extranho ser que había aterrizado en su barrio... aunque la gran mayoría de las calles estaban vacías. De barrio en barrio llegué a Alfama.
Baco hecho con azulejos
...Y sus calles me acogieron con la decadencia, me metí en su laberinto y sentí el placer de perderse porque te quieres perder. Rincones con la hermosura de una piel que no se cuída, ropa tendida,... el trazado de sus ruas, sus escalinatas, recovecos, arcos... hacen de Alfama el alma de Lisboa.
Bajé hacia el extremo del barrio pegado al Tejo y me encontré con la Casa dos Bicos, ahora en reforma puesto que va a ser la sede de la Fundación Saramago, y junto a ella el olivo que lo recuerda, sus palabras, creo que sus cenizas y un libro del portugués prodigioso que alguien se llevará dejando otro. Maravilloso.
Escena en Alfama
Leo con estupor unas declaraciones de la Presidenta de mi Comunidad Autónoma. Qué hubiera pensado don José de las palabras de Esperanza Aguirre oponiendo catolicismo y marxismo? Esa individua demuestra con sus palabras una falta de conocimientos que hace más ridículo el oficio de político. Nadie le ha dicho que el liberalismo, que tanto defiende, creció en el norte de Europa gracias a la decadencia del catolicismo tras el éxito luterano? Un Lutero que, por cierto, criticaba entre otras cosas los vicios de la jerarquía católica (y poco cambian las cosas). Yo tenía un profesor, mi mejor profesor, que una vez dijo en clase que Jesucristo había sido el mayor comunista de la historia. Obviamente además del valor provocativo de las palabras había detrás un concepto: el de igualdad. Seguramente Saramago y Marx criticarían a Esperanza Aguirre, pero lo más duro para ella es que Jesucristo no la perdonará.
Ayer cumplí el deseo antojadizo de comer arroz, y no me equivoqué. El arroz al pulpo del restaurante Dos Arcos es extraordinario. Servido en una cazuela se mantiene caliente, porque la cantidad: dos buenas raciones, lo necesita. Hoy toca comida casera, hice la compra en el super.

jueves, 18 de agosto de 2011

Pena, penita, Pena... (el Palacio)

Palacio da Pena con su mezcla de estilos da un poco de pena
Palacio Nacional
Día muy activo el de hoy. Decidí que fuera la jornada de Simtra y ha sido así. Era otro antojo, en este caso espinita clavada, que tenía. He venido varias veces a Portugal pero en ningún caso fui a uno de los sitios de mayor impacto turístico del país. Simtra tiene dos palacios que la gente confunde (la gente y hasta las guías): el Palacio Nacional que está en el centro del pueblo y es del siglo XVI y que se asienta sobre restos más antiguos y el Palacio Nacional da Pena que también está en Simtra y que es ese tan famoso que combina diversos estilos arquitectónicos, pero que está construido totalmente en el siglo XIX. Una muy buena amiga me dijo hace poco que para ella era un sitio que no había que perderse pero que es una aberración. Y razón no le falta porque desde el punto de vista artístico es una auténtica excentricidad que solamente está al alcance de los poderosos, en ese caso el de los reyes portugueses del XIX. Un ejemplo de arquitectura romántica en el que el pasado se recupera a base de copiar estilos, eso sí, de una forma bastante armónica. Os podéis imaginar la de turistas que por allí había, prácticamente teníamos que ir en fila india por las diversas estancias. A mi lo que más me ha gustado ha sido, sin duda, el exterior porque los jardines del Palacio (el de la Pena) juegan a domesticar la naturaleza y lo consiguen, pero al visitante le envuelve en un escenario repleto de diversas especies arbóreas, con caprichos rocosos diversos y con lugares en los que las vistas son espectaculares. Eso sí, mucha cuesta arriba y cuesta abajo, voy a echar unos gemelos que para sí los quisieran algunos deportistas profesionales.
Después de ver los dos palacios, fui al Castelo dos Mouros que se encuentra junto al Palacio da Pena, en lo alto de un cerro. Esta construcción medieval hecha por los musulmanes en su período en la península Ibérica tenía la función de atalaya defensiva de Lisboa (como fue Madrid de Toledo) pero también de control costero ya que se ve bastante bien la costa Atlántica.
Azulejos del Palacio da Pena
Volví a Lisboa y aproveché para ir a la catedral, ver unas cuantas Iglesias (ya que no estoy en Madrid, cumplo con la institución jejejeje) y paseíto por el barrio de Alfama que intentaré explorar mejor otro día.
Y ahora a cumplir lo que ayer no pude: el arroz. El caso es que anoche opté por un buen sitio, ofrecían arroz como plato del día pero cuando llegué ya se había acabado. Me conformé con una dorada con brócoli que estaba de muerte, y es que aquí eso de cocinar el pescado lo llevan muy bien.
Ya he visto otro sitio para hoy, algo más caro pero que me parece que va a ver como se cumple el antojo ayer prohibido.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Sobre lo antiguo y lo moderno

He dedicado el día a conocer los dos museos que más me interesaba conocer de la visita a Lisboa, y como la jornada parecía calurosa he acertado de pleno, puesto que la mayoría de los espacios museísticos tienen en común servicios limpios y temperatura fresca.
El primero en caer no era en sí un museo, básicamente es una fundación en la que hay un museo, un centro de arte moderno y zona para exposiciones temporales. Además los edificios están dentro uno de los descubrimientos de este viaje: un precioso parque que de haberlo conocido hubiera sido mi salón comedor de hoy. Se trata de la Fundación Calouste Gulbekian. El caballero que da nombre a la citada entidad fue uno de esos ricachones que hicieron gran fortuna gracias al petróleo. Inglés de origen armenio, decidó venirse a Portugal durante la II Guerra Mundial y mucho le debió gustar esto porque aquí se quedó, y como era un millonario pero con sensibilidad hacia las artes decidió crear la fundación y llegar a un acuerdo con el estado luso. El caso es que te puedes pasar el día viendo su museo en el que aparecen un montón de obras de diverso estilo, aunque bien ordenadas: me encantaron las miradas bien pintadas por Van Eyck, Rembrandt, Rubens, Manet y Monet; los paisajes venecianos de Guardi, un mar en tespestad de Turner, un relieve asirio, una estatua funeraria de madera policromada de la XI dinastia egipcia y un torso griego. Vamos un revoltijo de arte diverso y antiguo.
Después entré en la exposición temporal Fronteiras. Me pareció interesantísima: fotografías y documentos videográficos que son radiografías de la situación actual en África. Imágenes duras y críticas de autores diversos con escenarios como Mali, República Sudafricana, Libia, o el Chad.
Una de esas fotografías críticas de las que os hablo. Hablan de petróleo cuando se necesita agua.
Finalmente, la fundación me ofreció la posibilidad de ver arte moderno, vamos directamente contemporáneo en su mayoría de autores portugueses. Y aparece siempre la misma reflexión: o pienso que pienso poco para intentar comprender lo que pensó el autor cuando decidió hacer la obra o pienso que da igual lo que piense porque el autor piensa que su creatividad es tan abstracta como el arte que produce. Sigo sin saber qué pensar.
Con el interrogante encima de la cabeza di un buen paseito por el parque de la fundación, repleto de sombras y césped, con alguna obra artística (contemporánea) adornando el panorama.
San Pedro (Zurbarán) junto a un vestido con la cara de Mao
Pintemos una taza de váter y hagamos arte
Después me largué al Museo de Arte Antiguo y de nuevo pintura, en gran medida bastante mediocre, pero con alguna cosa interesante: Zurbarán y Murillo (por aquello del sabor patrio) y especialmente El Bosco del que hay tres obras en el museo (si bien alguna gracias a colaboración con otras entidades). Entonces te planteas qué pensarían sus contemporáneos al ver sus obras. No sé yo si llegarían a reflexiones como la arriba descrita cuando me enfrento a buena parte del arte actual. Además en el museo había mucha porcelana china (que para eso los portugueses andaron por aquellas tierras de oriente), muebles y objetos religiosos como la famosa Custodia de Belem. Muy original una iniciativa que consistía en intercalar obras contemporáneas, algunas obtenidas gracias al reciclaje, junto a obras de varios siglos anteriores.
Al salir del museo paseo de los míos por algunas calles casi anónimas, buscando algún local de comidas que me aleje de las rutas turísticas (como el de ayer en el que cené un bacalao extraordinario con una sopita deliciosa por siete euros y medio, cerveza incluída).
Hoy tengo antojo de arroz y, como ayer, intentaré llevarlo a cabo. No tardaré mucho en cenar, que aquí se cena antes y estoy con una ensalada, además mi siguiente día será el de la visita de Simtra y quiero empezar tempranito la jornada.

martes, 16 de agosto de 2011

Historia del cerco de Lisboa

La Torre de Belem desde abajo
Hace bastante tiempo, casi una década, me leí el libro de Saramago "Historia del cerco de Lisboa". Como casi todo lo que leo de Saramago me encandiló. La portada del libro tenía una fotografía de la Torre de Belem y sin saber el porqué me enamoré de la torre. Obviamente pasar por Lisboa y no verla es casi un delito. Por eso cuando vine anteriormente a la ciudad era una de mis prioridades, sin embargo al llegar al pie del edificio cerraron las puertas y me tuve que conformar con ver a "mi amada" desde abajo, con el disgusto en el cuerpo por no poder entrar en ella ("entrar en ella", ha quedado un poco guarrete teniendo en cuenta que hablo de un amor). Al volver a la capital de Portugal tenía antojo de torre (ayer era de sardinas) y hoy cumplí el deseo de conocerla por dentro. Esbelta estaba ella en la ladera del Tajo, vigilando ya el Atlántico, guardando a la ciudad de ataques. Saramago en su libro nos presenta a un personaje que cambia la historia de Lisboa solo poniendo un no en vez de un sí. No sé si la torre sabrá algo de ello, pero lo que está claro es que el propio Saramago estaría encantado con que el no a muchas cosas cambiara la historia de todos, o al menos la de muchos.
Tranvía que baja (y sube)
Plaza del Municipio, con el Pelourinho
Hoy la ciudad ha hablado más que ayer, es cierto que he ido de turista cultureta ya que, además de la torre, fui al Monasterio de los Jerónimos (obra de arte del estilo Manuelino), al Museo Arqueológico de Lisboa, al Museo de los Carruajes, al Castelo de San Jorge y tras un paseito aparqué mi pompis en un banco frente a la portada de la Seo, la Catedral. Como os decía en estos sitios la ciudad hablaba mucho, obviamente se hacía políglota para intentar comprender a todos los que de fuera la estamos pisando, no sé si incomodando en demasía. Eso sí, a veces callaba como ayer y te deja que te pierdas, mientras tanto se ríe puesto que perderse, o confundirse de calle, en Lisboa tiene bastante peligro, y no hablo por que te vayan a atracar o cosas por el estilo, no, hablo por las cuestas. Lisboa es un subibaja constante, menos mal que los tranvías trepan clavando sus ruedas entre los adoquines. Pero si lo intentas a pie puedes acabar acordándote del ser humano al que se le ocurrió que había que defenderse de los demás subiéndose a lo alto de los cerros.
Hablaba ayer, y antes, de antojos. Pues tengo otro: comer bacalao. Os puedo asegurar que en lo que me queda de noche me quito otra nueva espina (que hablando de pescado la expresión viene perfecta).
Seguiremos informando

Ciudad tranquila, ciudad muda

(Debo de haber dado con el ordenador malo puesto que no aparecen ni las tildes, ni la famosa letra tipica de nuestro idioma y ni siquiera he podido subir fotos. Lo siento)
Cuando sali de casa me entro antojo de sardinas. Por fortuna el sitio de destino es Lisboa con lo cual deduje que no lo tendria dificil. El viaje fue muy tranquilo, un pelin de retraso en el avion y ninguna incidencia. Sin embargo, a la llegada la ciudad ya me tenia preparada la primera sorpresa. Yo me habia estudiado los transportes desde el aeropuerto al hotel en el que estoy hospedado y todo iba perfecto hasta que pregunte a la joven que atendia en la oficina de informacion al turista que hay en el mismo aerodromo: el centro de Lisboa estaba cortado porque hoy, precisamente hoy, acaba la Vuelta Ciclista a Portugal y lo hace recorriendo las calles principales de la capital lusa. Consegui encontrar un autobus de linea que me dejara bien situado y luego, a traves del metro, logre acercarme al hotel. El paseo me sirvio para ver a la "serpiente multicolor" por las ruas lisboetas.
El Hotel tiene cuatro estrellas, pero no las tiene... me explico, en Spain tendria tres y media o simplemente tres, pero para un ser acostumbrado a cosas mas bien modestas el Executive Madrid parece un palacete indio. Tras colocar mis pertenencias sali a hacer lo que me gusta que no es otra cosa que patear la city, escanearla que queda mejor. Y eso hice.
La Avenida Liberdade es la arteria principal, nace en la Plaza del Marques de Pombal (cerca de mi Hotel) y muere practicamente en la Plaza de Rossio, alma de Lisboa, que conecta con la Plaça de Comerço que es una desembocadura en la desembocadura y es que ese rincon lisboeta, de los mas conocidos y en el que se encuentran algunos ministerios, el Tajo es como una avenida en el lado sur. Una especie de embarcadero sirve para que la gente se siente, tome fotografias, se beba una cerveza o se lie unos canutos mirando al rio que se quiere convertir en Oceano. Ni siquiera en Mar, que el Tajo es mucho Tajo.
Despues vino parte del barrio alto, y ahi el primero de los miradores en el que aparco: el mirador de Don Pedro. Y recorro esas calles, decadentes como es Lisboa, con casas que quisieron ser mucho y se quedaron en poco, sin apenas gente.
Lisboa esta en calma, por mucho que la vuelta haya acabado hoy, aunque los turistas paseen como siempre por sus puntos mas visitados, eso son anecdotas en un dia feriado. La ciudad esta en silencio. De hecho me quite los cascos y deje de escuchar a los Barricada y me puse a escuchar Lisboa y conforme subia escaleras camino del barrio alto sus calles enmudecian, se dormian a las siete de la tarde. Vi algun restaurante curioso en las alturas de una de las colinas, pero mi estomago no estaba preparado. Baje de nuevo a la avenida y recorri la parte alta de la arteria donde se agolpan tiendas de lujo (moda, restaurantes, incluso coches). Oi a una espaniola decir a su marido mientras veia un vehiculo de 40.000 euros "no es tan caro, dime quien no tiene en el banco, hoy dia, cuarenta mil euros?" me dieron ganas de decirla "seniora es usted una obscena". Obviamente, con esos locales caros deduje rapido que no es el lugar mas recomendable para cenar y, por eso, baje de nuevo hacia Rossio y alli hice realidad mi antojo de diez horas antes. Sardinas asadas (con patatas y ensalada) y una buena cerveza fresca, rematadas con un te, ha sido mi cena.
Ahora paseito final para bajar la cena y descanso en el primer dia luso en esta ciudad a la que le han quitado la voz, espero que sea solo por hoy y que la dichosa intervencion no la haya dejado muda.

domingo, 14 de agosto de 2011

Camino a la nariz Ibérica

Plano de los barrios lisboetas
Llevaba ya un tiempo con la idea de escaparme en solitario, de hacer un retiro no muy largo (que lo de la vida social y en sociedad me encanta) pero lo suficiente para desaparecer del verano madrileño totalmente cubierto por las actividades del JMJ. Como quise cuadrar el tema económico, el tiempo, la lejanía, el idioma y las ganas me decidí por Lisboa, capital de una Portugal que sufre como nadie los efectos de eso que llaman crisis y que, cada vez más, pienso que es una estrategia fielmente planeada para los ricos tengan más y los pobres estén más jodidos. El caso es que me escapo a Lisboa y me la imagino con la luz de sus atardeceres de siempre, y con su olor a estuario del Tajo. Con el estilo manuelino y las pastelerías. Con los tranvías trepando hacia el Castelo de San Jorge y la Torre de Belem vigilante.
Me imagino un país con sensación de haber participado en un casting de rehenes, en el que los atracadores van pasando uno detrás de otro: te suben un 15 por ciento el transporte, te quitan la mitad de la paga de Navidad, te multiplican por cuatro el IVA del gas y la electricidad... y todo para tapar agujeros y pagar créditos... ¡y a esto le llaman rescate!
No sé cómo estará Lisboa, si sentada y melancólica escuchando un fado, o empuñando claveles con la Grândola Vila Morena de fondo.