Lo mejor
- Mis compañeros de viaje. Ana, Susana y David me han soportado extraordinariamente, me han ayudado a disfrutar de los grandes momentos y han estado conmigo en los peores, que sin haber muchos alguno ha habido. Gracias a los tres.
- Petra. Lugar imposible de olvidar a pesar de los vendedores que aparecen en cualquier rincón o de la suciedad de algunos templos y tumbas. Si tenéis la oportunidad visitadla.
- Las ciudades sirias. Tanto Damasco como Aleppo me impresionaron, la primera como una perla que vive en los rincones de su ciudad vieja escuchando los cuentos de su historia, la segunda porque es una mezcla de la Edad Media con el bullicio oriental de toda la vida, un gran supermercado a pie de calle.
- La gente. Sobre todo aquellos que se alejan del negocio y te ven como algo exótico, o alguien con quien compartir algunas palabras. Me acuerdo de ese camionero de Madaba que nos llevó en su Mercedes renqueante, o del personal de los hoteles en Siria, generalmente gente atenta y de buen humor, o del pastelero que tenía guardado el monedero perdido de Ana, o de la sonrisa de aquel niño de Aleppo un viernes de Ramadán.
- Madaba. Una ciudad con algunos mosaicos interesantes pero que para nosotros significó mucho más: descanso en un hotel estupendo, coches que se paraban para que pasases, nada de agobio por ser turista,... A treinta y tantos kilómetros de la capital nos pareció un pequeño paraiso.
| El Tesoro (Petra) |
Lo peor
- El calor. Claro que ir a una zona en donde la mayoría del territorio es desierto en pleno mes de agosto tiene esas cosas. Se aguantó como se pudo aunque casi nos asfixiamos en Aqaba (se hablaba de 52 grados).
- Acoso y derribo al turista. No sé si soy turista o viajero, o me quedo simplemente en turista zarapastroso pero he sentido más que nunca que me querían timar. En ocasiones esa sensación estoy seguro que ha evitado conocer a gente interesante porque acabas mirando a todo el mundo como ladronzuelos a base de comisiones.
- La suciedad. Suciedad en las calles, en los hoteles, en las playas (y especialmente en Jordania). Dejadez, descuido, desidia,...
- Los autobuseros, sus cobradores y los taxistas. Engaño tras engaño, caza y captura del negocio, ocultación de la información, en ocasiones hasta mal genio y modales inexistentes... vamos que mis amigos taxistas pueden estar tranquilos porque nunca serán peor que los jordanos.
- La censura, el silencio, la falta de crítica,... ya he hablado de eso anteriormente, mal camino el del que quiere esconder las opiniones de los demás, porque cuando se conozcan esas tendrán más fuerza.
| Un rincón de un destartalado hotel jordano |
Para finalizar, muchas gracias a tod@s l@s que habéis seguido el viaje, posiblemente nos veremos en otro porque le he cogido gusto a esto del blog. Saludos y buen septiembre.