sábado, 26 de marzo de 2016

Haciendo Macedonia

La plaza de Macedonia en Skopie, a la izquierda la estatua ecuestre de Alejandro Magno.
Una descomunal estatua de Alejandro Magno preside la plaza de Macedonia en Skopie, la capital del país. La obra, inaugurada hace poco más de cuatro años coincidiendo con el vigésimo aniversario de la independencia, mide 22 metros y pesa casi 50 toneladas, su precio rondó los 10 millones de euros. Magníficas cifras para un monumento que todos sabemos a quién representa y que, sin embargo, debe recibir el genérico nombre de "guerrero a caballo". Y todo por el principal problema de Macedonia que es, ni más ni menos, su nombre.
Oír hablar de Macedonia nos hace recordar las gestas militares de Alejandro Magno o la etapa helenística de la expansión griega que llevaron la cultura de la Hélade hasta el mismo río Indo, mezclándose con las tradiciones y costumbres de otros territorios. Pero aquel histórico Reino de Macedonia, considerado por las otras polis como un lugar de griegos de segunda fila, no se corresponde casi en nada con el actual país que lleva el nombre. La mayoría del terriotrio está en otra Macedonia, la que se encuentra al noreste de la actual Grecia y que tiene capital en Tesalónica, y los diversos gobiernos de Atenas no han aceptado nunca que la denominación sea usada por otro país. Por eso, lo que para la mayoría del personal es República de Macedonia, en las reuniones y actos internacionales se llama FYROM (en inglés, Antigua República Yugoslava de Macedonia). 
Los 10 millones de euros que costó la estatua no tienen una finalidad ornamental, es simple y llanamente una inversión de autoafirmación nacional  ya que se busca, de todas las formas posibles, enlaces a la historia que conecten con los sentimientos y la justificación para sentirse de un país. La misma intención tiene llamar al aeropuerto principal "Alejandro Magno" o la de construir un pretencioso Museo Arqueológico. 
Como diría aquel la idea es crear "macedonios, muy macedonios y mucho macedonios" que asuman ser de un país que tiene como objetivos ser aceptado en las más importantes organizaciones internacionales (especialmente la OTAN y la UE) y bandear con éxito los problemas de convivencia y representatividad que genera un estado multiétnico con una minoría albanesa de más del 25% de la población.
Actual bandera de Macedonia. La anterior tuvo que cambiarse porque hería la sensibilidad griega.
Lo que hoy es la República de Macedonia ha estado siempre englobado en otros territorios: imperios romano, bizantino o turco, y Yugoslavia, un país que ha dejado en herencia muchos conflictos y siete países (si contamos a Kosovo). Cuenta con una población de poco más de 2 millones de habitantes y una extensión de unos 25.000 kilómetros cuadrados, más o menos la extensión de la Comunidad Valenciana y la población de Castilla-La Mancha. No tiene salida al mar y se sitúa como un tapón en medio de vecinas incómodas, además de la ya citada Grecia, tiene fronteras con Albania y Kosovo (cuyas influencias políticas e ideológicas en los albaneses macedonios han sido y son muy importantes), Serbia (a quién perteneció desde 1912 hasta el final de la II Guerra Mundial) y Bulgaria (quien controló el territorio durante buena parte de la Edad Media y que influyó en cuestiones culturales de Macedonia como el propio idioma). Fronteras todas cerradas para los refugiados y, por eso, se justifican los macedonios "nosotros no abrimos las fronteras porque los demás tampoco las abren, nosotros somos un país pequeño y con poca gente" nos decían en Ohrid, al sur del país.
Uno trabaja y cinco miran. La construcción tira de una economía con el 30% de paro
La tasa de desempleo en el año 2005 rondaba el 37%, aunque ahora la cifra se sitúa alrededor del 30%, da la sensación que la crisis no ha provocado efectos negativos en el país, de hecho la construcción (hablaré de ella cuando escriba de la capital) y el turismo parecen tirar de una economía que intenta desarrollarse en un complicado panorama internacional. Uno de los taxistas con los que pudimos hablar nos decía que "cuando a un hermano le van bien las cosas, los demás tienen envidia. Grecia tiene miedo a que Macedonia entre en la UE y se desarrolle económicamente porque la Macedonia griega podría querer venirse con nosotros". 
Cuando se habla de los Balcanes suele surgir la frase de Churchill en la que hablaba de la capacidad de producir historia por parte de la región y que luego, ésta, era incapaz de digerir. Tal vez en Macedonia, la Macedonia actual, suceda lo contrario y estén deseosos de producir historia para poder digerirla. Intentaré ir contando poco a poco algunas de las cosas que he vivido en un pequeño pero intenso viaje por las tierras de un Alejandro Magno de 22 metros de altura.

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