| En Orcha un tren que no sale, es más cómodo viajar arriba que en el atestado vagón. |
Caos, confusión, desorden,... y cualquier otro sinónimo vale para definir lo que supone circular en la India. Da igual que vayas por una ciudad o por una carretera, por las calles de los barrios más alejados del centro o por la avenida principal de una capital. Es lo mismo. Caos.
El claxon es obligatorio, nadie puede circular sin tener y utilizar con efusividad un artilugio que haga ruido para indicar su presencia, entonces el lío circulatorio se mezcla con un insoportable barullo auditivo. Uno no sabe si es una norma establecida para organizar el tráfico o es una necesidad vital de quien conduce por la India para demostrar algo que a mi, personalmente, se me escapa; tal vez virilidad, tal vez sensación de peligro,...
| Un rickshaw con carga, detrás varios "tuc tuc" |
De todos los transportes mi preferido es el "tuc tuc", una especie de motocarro pequeño para pasajeros en el que en principio podrían ir sentados, no con mucha holgura, tres pasajeros y el conductor, pero en el que he visto colarse hasta casi una decena de individuos. El "tuc tuc" es ágil para ir por las atestadas calles de las ciudades y contratarlo por un grupo de turistas necesita de una cierta dosis de paciencia y de poner en marcha el ritual del regateo para que los extranjeros se sientan cómodos con el precio y el conductor sepa que va a ganar más que con unos conciudadanos clientes. Aun recuerdo aquel recorrido desde no sé dónde hasta el hotel en el que me hospedaba en Varanasi, o aquellas carreras entre dos o tres vehículos cargados de turistas hasta el hotel de Jaisalmer. Pero en las zonas con calles muy estrechas las reinas son las motos y de entre ellas la Honda Hero es la emperatriz.
Más barato y arriesgado para quien quiera ser transportado es el rickshaw, el triciclo impulsado por un ciclista que tiene capacidad para dos personas. Maldito aquel joven sudoroso que nos dijo que sabía a dónde íbamos y nos quiso dejar en mitad de un lugar desconocido. Es frecuente que te digan que sí a todo, que saben cómo llegar al sitio indicado y que lo hacen gustosamente por el precio que propones... y luego no saben llegar y encima te van pidiendo más dinero.
| El autobús no puede correr: vacas a la vista. |
De autobuses hay una amplia gama, los que usan los locales van repletos y destartalados, desbordan calor y humedad. La mayoría eran azules. Pero, claro, el turista usa otros, esos de las agencias oficiales que indican en su parabrisas la función y el territorio por el que circulan: "Tourists, all India". Blancos y con la cabina del conductor y su ayudante separada del resto, alejados del aire acondicionado, como si la sociedad de castas se trasladara a las cuatro ruedas. Había algún autobús de lujo para aquellos que quieren ver la India lo más alejados posible de la India. Y también los había nocturnos con asientos que se convierten en camas. Todos ellos expuestos a las carreteras, para nada seguras, y con los agentes de tráfico y reguladores de la velocidad más animales de todos los que puedan existir: las vacas. Dichosas ellas que eran capaces de frenar velocidades imposibles ante baches ilimitados, a veces era una la que ejercía tan fundamental papel y con un golpe de claxon se echaba con cierta indiferencia a un lado, en otras ocasiones eran varias las que se plantaban en mitad del vial y acababan moviéndose para dejar pasar con la sensación de estar pensando algo así como "te dejamos pero porque queremos, que para eso somos sagradas". Las ciudades, la mayoría de ellas, no se libran de las vacas que ejercer el papel de obstáculos en una carrera imposible e interminable de diversos vehículos que además de esquivarse entre ellos deben evitarlas a ellas. Y si eres peatón mira al suelo no vaya a ser que te lleves un oloroso regalo en la planta de tu calzado.
| Jaipur. Desde el Palacio de los Vientos se ve el caos en una de las calles de la "ciudad rosa" |
Sin problemas con los obstáculos circula el tren, pero no por ello alejado de trastornos como los retrasos, llegamos a vivir uno de cuatro horas en las que estuvimos acompañados por las numerosas ratas que campan a sus anchas en la estación de Varanasi. Nuestros billetes eran de segunda e hicimos dos noches en tren con un aire acondicionado a todo trapo y en unos vagones que vivieron tiempos mejores y, sobre todo, más limpios. Había seis camas por compartimento, tres abajo y tres arriba, dos pares eran perpendiculares a la línea del vagón y el otro paralelo. Entre unos y otro se encontraba el pasillo que quedaba aislado de las camas gracias a unas cortinas. A cada cama le correspondía una almohada, una manta y un sobre grande de papel con un juego de sábanas, todo ello nada apto para escrupulosos. De vez en cuando, a última hora del día y a primera de la mañana, circulaban por el pasillo vendedores de bebidas o comida. Sin embargo, la experiencia más intensa que vivimos en relación con el ferrocarril fue sin que fuéramos usuarios, tuvo lugar en la estación de Orccha, una pequeña localidad con mucha actividad religiosa y que había recibido a una multitud de peregrinos muchos de los cuales volvían a sus casas en tren. Los vagones estaban a reventar y muchos viajeros decidían subirse al techo, decenas y decenas de personas estaban arriba y el tren no partía, algunos guardias con largos palos intentaban por las buenas y por las malas hacer descender al personal. Pero nada, casi nadie bajaba y el tren no partía de la estación. Nos dijeron que no era normal, pero que en ocasiones ocurría, especialmente tras grandes concentraciones y en trenes que no tuvieran la catenaria como estorbo.
| Un Ambassador. El coche de la India. |
Podría seguir hablando de camiones coloridos o de tractores Massey Ferguson por doquier, o de coches de distintos modelos... aunque yo me quedo con el Ambassador, el coche indio por antonomasia que ya ha dejado de fabricarse pero que al verlo te traslada a tiempos pasados que seguramente tendrían las mismas carreteras del presente.
El Ambassador protagonista en un anuncio de Peugeot
No hay comentarios:
Publicar un comentario