lunes, 7 de septiembre de 2015

Circulando entre el caos

En Orcha un tren que no sale, es más cómodo viajar arriba que en el atestado vagón.
Caos, confusión, desorden,... y cualquier otro sinónimo vale para definir lo que supone circular en la India. Da igual que vayas por una ciudad o por una carretera, por las calles de los barrios más alejados del centro o por la avenida principal de una capital. Es lo mismo. Caos.
El claxon es obligatorio, nadie puede circular sin tener y utilizar con efusividad un artilugio que haga ruido para indicar su presencia, entonces el lío circulatorio se mezcla con un insoportable barullo auditivo. Uno no sabe si es una norma establecida para organizar el tráfico o es una necesidad vital de quien conduce por la India para demostrar algo que a mi, personalmente, se me escapa; tal vez virilidad, tal vez sensación de peligro,... 
Un rickshaw con carga, detrás varios "tuc tuc"
De todos los transportes mi preferido es el "tuc tuc", una especie de motocarro pequeño para pasajeros en el que en principio podrían ir sentados, no con mucha holgura, tres pasajeros y el conductor, pero en el que he visto colarse hasta casi una decena de individuos. El "tuc tuc" es ágil para ir por las atestadas calles de las ciudades y contratarlo por un grupo de turistas necesita de una cierta dosis de paciencia y de poner en marcha el ritual del regateo para que los extranjeros se sientan cómodos con el precio y el conductor sepa que va a ganar más que con unos conciudadanos clientes. Aun recuerdo aquel recorrido desde no sé dónde hasta el hotel en el que me hospedaba en Varanasi, o aquellas carreras entre dos o tres vehículos cargados de turistas hasta el hotel de Jaisalmer. Pero en las zonas con calles muy estrechas las reinas son las motos y de entre ellas la Honda Hero es la emperatriz.
Más barato y arriesgado para quien quiera ser transportado es el rickshaw, el triciclo impulsado por un ciclista que tiene capacidad para dos personas. Maldito aquel joven sudoroso que nos dijo que sabía a dónde íbamos y nos quiso dejar en mitad de un lugar desconocido. Es frecuente que te digan que sí a todo, que saben cómo llegar al sitio indicado y que lo hacen gustosamente por el precio que propones... y luego no saben llegar y encima te van pidiendo más dinero.
El autobús no puede correr: vacas a la vista.
De autobuses hay una amplia gama, los que usan los locales van repletos y destartalados, desbordan calor y humedad. La mayoría eran azules. Pero, claro, el turista usa otros, esos de las agencias oficiales que indican en su parabrisas la función y el territorio por el que circulan: "Tourists, all India". Blancos y con la cabina del conductor y su ayudante separada del resto, alejados del aire acondicionado, como si la sociedad de castas se trasladara a las cuatro ruedas. Había algún autobús de lujo para aquellos que quieren ver la India lo más alejados posible de la India. Y también los había nocturnos con asientos que se convierten en camas. Todos ellos expuestos a las carreteras, para nada seguras, y con los agentes de tráfico y reguladores de la velocidad más animales de todos los que puedan existir: las vacas. Dichosas ellas que eran capaces de frenar velocidades imposibles ante baches ilimitados, a veces era una la que ejercía tan fundamental papel y con un golpe de claxon se echaba con cierta indiferencia a un lado, en otras ocasiones eran varias las que se plantaban en mitad del vial y acababan moviéndose para dejar pasar con la sensación de estar pensando algo así  como "te dejamos pero porque queremos, que para eso somos sagradas". Las ciudades, la mayoría de ellas, no se libran de las vacas que ejercer el papel de obstáculos en una carrera imposible e interminable de diversos vehículos que además de esquivarse entre ellos deben evitarlas a ellas. Y si eres peatón mira al suelo no vaya a ser que te lleves un oloroso regalo en la planta de tu calzado.
Jaipur. Desde el Palacio de los Vientos se ve el caos en una de las calles de la "ciudad rosa"
Sin problemas con los obstáculos circula el tren, pero no por ello alejado de trastornos como los retrasos, llegamos a vivir uno de cuatro horas en las que estuvimos acompañados por las numerosas ratas que campan a sus anchas en la estación de Varanasi. Nuestros billetes eran de segunda e hicimos dos noches en tren con un aire acondicionado a todo trapo y en unos vagones que vivieron tiempos mejores y, sobre todo, más limpios. Había seis camas por compartimento, tres abajo y tres arriba, dos pares eran perpendiculares a la línea del vagón y el otro paralelo. Entre unos y otro se encontraba el pasillo que quedaba aislado de las camas gracias a unas cortinas. A cada cama le correspondía una almohada, una manta y un sobre grande de papel con un juego de sábanas, todo ello nada apto para escrupulosos. De vez en cuando, a última hora del día y a primera de la mañana, circulaban por el pasillo vendedores de bebidas o comida. Sin embargo, la experiencia más intensa que vivimos en relación con el ferrocarril fue sin que fuéramos usuarios, tuvo lugar en la estación de Orccha, una pequeña localidad con mucha actividad religiosa y que había recibido a una multitud de peregrinos muchos de los cuales volvían a sus casas en tren. Los vagones estaban a reventar y muchos viajeros decidían subirse al techo, decenas y decenas de personas estaban arriba y el tren no partía, algunos guardias con largos palos intentaban por las buenas y por las malas hacer descender al personal. Pero nada, casi nadie bajaba y el tren no partía de la estación. Nos dijeron que no era normal, pero que en ocasiones ocurría, especialmente tras grandes concentraciones y en trenes que no tuvieran la catenaria como estorbo. 
Un Ambassador. El coche de la India.
Podría seguir hablando de camiones coloridos o de tractores Massey Ferguson por doquier, o de coches de distintos modelos... aunque yo me quedo con el Ambassador, el coche indio por antonomasia que ya ha dejado de fabricarse pero que al verlo te traslada a tiempos pasados que seguramente tendrían las mismas carreteras del presente.



                             El Ambassador protagonista en un anuncio de Peugeot

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Reflexiones de un "celiaco consorte"

Un thali (plato combinado de vegetales)
Desde que a mi chica le diagnosticaron la celiaquía hace un año y pico el tema de las comidas se ha convertido en una de las cuestiones básicas a la hora de preparar un viaje. Ambos seguimos la máxima tan repetida de "no dejes de hacer nada por el hecho de ser celiaco" y creo que en lo que respecta a viajar a la India es una frase que tiene total vigencia. 
He de precisar que el viaje que hemos realizado en el mes de agosto ha sido por la zona norte del país, especialmente por la región de Rajastán y llegando a Benarés (Varanasi) como punto más oriental, y en general no hemos tenido problema para encontrar alimentos sin gluten puesto que gran parte de la gastronomía local no utiliza harina de trigo o cereales que contengan el "elemento maligno". Es cierto que cuando había bufet libre, especialmente en los desayunos, había que tener más cuidado pero el uso del "carnet de celiaco" en hindi ha servido para resolver la gran mayoría de las dudas. En alguna ocasión la oferta se redujo de forma considerable y tuvieron a bien en los hoteles en los que nos hospedábamos hacer algo de arroz de forma especial o preparar una macedonia de frutas, además en casi todos los establecimientos había para todo el mundo tortillas francesas simples o con diversos ingredientes. El caso es que mi celiaquita del alma no ha tenido ningún problema derivado de la ingestión de gluten, y para más inri ni siquiera los síntomas habituales que la gran mayoría de los mortales turistas tienen cuando comen en la India (yo mismo por ejemplo). Hay que tener cuidado ya de por sí con los alimentos, lo típico: no comer fruta si no está pelada, nada de hielo o agua local  (hay que tener mucho ojo con el sellado de las botellas ya que a veces las rellenan) y... ¡el dichoso picante! La frase con la que acabábamos cada petición de comida era siempre ¡non spicy!, algo que supongo serviría para reducir el grado de picor aunque casi todo picaba algo (o más que algo).
"El carnet", una necesidad si no controlas el hindi 

He hablado de los desayunos de forma específica, pero tanto la comida como la cena la hacíamos en diversos restaurantes (en general los recomendados en las guías turísticas más conocidas), en ellos casi nadie conocía qué era ser celiaco, pero en todos entendieron lo que decía el carnet (lo pongo en fotografía en hindi e inglés) y no hubo ningún problema. Incluso nos atrevimos a comer alguna cosilla realizada en puestos callejeros, eso sí todo con mucha precaución.
Para que os hagáis una idea, voy a comentar algunos de los platos y productos que son totalmente válidos para celiacos:

Panes:
Pappadum con unos frutos secos
El pan más utilizado es el naan, pero ese está realizado con harina de trigo, el mejor sustituto es el PAPPADUM, una especie de pan plano crujiente y con especias realizado con harina de lentejas. También las DOSAS son crepes generalmente realizados con harina de garbanzo (es recomendable preguntar por si estuvieran hechos con mezcla de harina de trigo) y el IDLI que es una especie de panecillo de arroz blanco que viene muy bien para mojar en las salsas. Por último, el UTHAPAN que generalmente está hecho de harina de garbanzo y es una especie de pan plano con ingredientes encima como el tomate.
Además del ya citado naan, no son aptos panes como el roti, chapati, poori y la paratha.

Comidas:
El THALI es un pato combinado vegetal con arroz, tiene varios platitos o cuencos con comidas diferentes. El único problema es la bola de postre (una especie de miniborracho) que puede estar hecha con harina de trigo.
Los arroces. Hay múltiples variedades de platos de arroz y es lo más habitual como acompañante, destaco el PULAO (arroz cocido con guisantes y maiz) y el BIRYANI (arroz cocinado de forma separada a los otros ingredientes, generalmente es amarillo y muy especiado, por eso es algo picante, pero riquísimo).
DAL que básicamente es un puré de lentejas.
ALOO GOBHI que son patatas con coliflor y que fue uno de los platos que más nos gustó.
PAKORAS (vegetales especiados rebozados en harina de lenteja).
ACHARI FISH TIKA (pescado sin raspas), en cualquier caso no hemos encontrado mucho pescado en los sitios donde hemos comido.
RAITA, es yogurt con otros ingredientes, el que más pedimos llevaba pepino y berro, algo parecido al salziki griego, muy útil para rebajar el sabor de los platos con picante.
PALAK PANEER (queso con espinacas).

Las salsas
Es recomendable preguntar siempre si las salsas están espesadas con harina, aunque lo normal es que no sea así y mucho menos con harina de trigo. Esa es una ventaja tanto por poder disfrutar de comida muy bien acompañada como por evitar bastante riesgo de la dichosa contaminación cruzada. Como ejemplo pongo el curry, que no es otra cosa que una mezcla de especias, y que en el caso de la zona que visitamos nunca tenía harina de trigo, generalmente es de garbanzo. Os enlazo el artículo de la wikipedia sobre el curry.

Los postres:
RASMALAI (especie de empanadilla de queso)
GULAB JAMUN (bolas parecidas a los borrachos que no lleva harina de trigo)
KULFI (polos de frutas), el problema de este postre es el agua, por lo tanto si el lugar donde se adquiere es un puesto callejero yo no me fiaría mucho.
LASSI, vale como postre o como bebida mientras se come, y es batido de yogurt en diversas variedades (hay lassi salado, lassi dulce, lassi con frutas como el mango... y hasta el lassi especial que es más caro y teóricamente con marihuana).
Helado de pistacho y almendras
"El carnet" en inglés también conviene llevarlo.

Hay más platos, os paso una página con más información y enlaces (en inglés). En nuestro caso estuvimos tres semanas de viaje y sin parecernos reiterativa la comida, es cierto que hay alimentos que se repiten en la dieta: hay mucho arroz, mucha verdura, generalmente poca carne (salvo pollo y algo de cordero) y poquísimo pescado. En cuanto a los postres no observamos mucha diversidad.

Otros consejos:
-Como siempre que se hace un viaje en avión y en el trayecto hay derecho a comida, avisar con tiempo a la compañía o a la agencia de viajes para que se adapte la comida.
-En el Taj Mahal no dejan meter comida al recinto, sí agua (de hecho te dan una botella) y también medicamentos, pero a mi chica le dejaron pasar unos bollitos al enseñar el famoso carnet. No sabemos si esto será habitual o es que dio con un portero comprensivo.
-Dije que en la mayoría de los restaurantes desconocían qué era eso de ser celiaco. Pero hubo alguna excepción, destaco uno que está en Jaisalmer y se llama "8 de Julio", los dueños son un matrimonio indio que vivió mucho tiempo en Australia y conoce (especialmente ella) cuál es el tema, además de preparar una exquisita comida (destaco las pakoras) se ofreció a llevarnos al hotel comida sin gluten si la necesitáramos. Un encanto de mujer.
-Que nadie dude en meter algo de comida en la maleta, casi más que ropa, no ya por el tema de la celiaquía, mas que nada porque comer una loncha de jamón o un montadito de lomo de vez en cuando no tiene precio.
-Evidentemente este viaje ha sido nuestro viaje, y supongo que habrá personas que no lo habrán pasado tan bien siendo celiacos, pero os aseguro que lo que podría ser visto un día antes de partir como un problema no lo ha sido en absoluto.

Si tienes alguna duda o pregunta que no dude en ponerla en los comentarios, estaremos encantados de ayudarte. Namaste.