lunes, 7 de septiembre de 2015

Circulando entre el caos

En Orcha un tren que no sale, es más cómodo viajar arriba que en el atestado vagón.
Caos, confusión, desorden,... y cualquier otro sinónimo vale para definir lo que supone circular en la India. Da igual que vayas por una ciudad o por una carretera, por las calles de los barrios más alejados del centro o por la avenida principal de una capital. Es lo mismo. Caos.
El claxon es obligatorio, nadie puede circular sin tener y utilizar con efusividad un artilugio que haga ruido para indicar su presencia, entonces el lío circulatorio se mezcla con un insoportable barullo auditivo. Uno no sabe si es una norma establecida para organizar el tráfico o es una necesidad vital de quien conduce por la India para demostrar algo que a mi, personalmente, se me escapa; tal vez virilidad, tal vez sensación de peligro,... 
Un rickshaw con carga, detrás varios "tuc tuc"
De todos los transportes mi preferido es el "tuc tuc", una especie de motocarro pequeño para pasajeros en el que en principio podrían ir sentados, no con mucha holgura, tres pasajeros y el conductor, pero en el que he visto colarse hasta casi una decena de individuos. El "tuc tuc" es ágil para ir por las atestadas calles de las ciudades y contratarlo por un grupo de turistas necesita de una cierta dosis de paciencia y de poner en marcha el ritual del regateo para que los extranjeros se sientan cómodos con el precio y el conductor sepa que va a ganar más que con unos conciudadanos clientes. Aun recuerdo aquel recorrido desde no sé dónde hasta el hotel en el que me hospedaba en Varanasi, o aquellas carreras entre dos o tres vehículos cargados de turistas hasta el hotel de Jaisalmer. Pero en las zonas con calles muy estrechas las reinas son las motos y de entre ellas la Honda Hero es la emperatriz.
Más barato y arriesgado para quien quiera ser transportado es el rickshaw, el triciclo impulsado por un ciclista que tiene capacidad para dos personas. Maldito aquel joven sudoroso que nos dijo que sabía a dónde íbamos y nos quiso dejar en mitad de un lugar desconocido. Es frecuente que te digan que sí a todo, que saben cómo llegar al sitio indicado y que lo hacen gustosamente por el precio que propones... y luego no saben llegar y encima te van pidiendo más dinero.
El autobús no puede correr: vacas a la vista.
De autobuses hay una amplia gama, los que usan los locales van repletos y destartalados, desbordan calor y humedad. La mayoría eran azules. Pero, claro, el turista usa otros, esos de las agencias oficiales que indican en su parabrisas la función y el territorio por el que circulan: "Tourists, all India". Blancos y con la cabina del conductor y su ayudante separada del resto, alejados del aire acondicionado, como si la sociedad de castas se trasladara a las cuatro ruedas. Había algún autobús de lujo para aquellos que quieren ver la India lo más alejados posible de la India. Y también los había nocturnos con asientos que se convierten en camas. Todos ellos expuestos a las carreteras, para nada seguras, y con los agentes de tráfico y reguladores de la velocidad más animales de todos los que puedan existir: las vacas. Dichosas ellas que eran capaces de frenar velocidades imposibles ante baches ilimitados, a veces era una la que ejercía tan fundamental papel y con un golpe de claxon se echaba con cierta indiferencia a un lado, en otras ocasiones eran varias las que se plantaban en mitad del vial y acababan moviéndose para dejar pasar con la sensación de estar pensando algo así  como "te dejamos pero porque queremos, que para eso somos sagradas". Las ciudades, la mayoría de ellas, no se libran de las vacas que ejercer el papel de obstáculos en una carrera imposible e interminable de diversos vehículos que además de esquivarse entre ellos deben evitarlas a ellas. Y si eres peatón mira al suelo no vaya a ser que te lleves un oloroso regalo en la planta de tu calzado.
Jaipur. Desde el Palacio de los Vientos se ve el caos en una de las calles de la "ciudad rosa"
Sin problemas con los obstáculos circula el tren, pero no por ello alejado de trastornos como los retrasos, llegamos a vivir uno de cuatro horas en las que estuvimos acompañados por las numerosas ratas que campan a sus anchas en la estación de Varanasi. Nuestros billetes eran de segunda e hicimos dos noches en tren con un aire acondicionado a todo trapo y en unos vagones que vivieron tiempos mejores y, sobre todo, más limpios. Había seis camas por compartimento, tres abajo y tres arriba, dos pares eran perpendiculares a la línea del vagón y el otro paralelo. Entre unos y otro se encontraba el pasillo que quedaba aislado de las camas gracias a unas cortinas. A cada cama le correspondía una almohada, una manta y un sobre grande de papel con un juego de sábanas, todo ello nada apto para escrupulosos. De vez en cuando, a última hora del día y a primera de la mañana, circulaban por el pasillo vendedores de bebidas o comida. Sin embargo, la experiencia más intensa que vivimos en relación con el ferrocarril fue sin que fuéramos usuarios, tuvo lugar en la estación de Orccha, una pequeña localidad con mucha actividad religiosa y que había recibido a una multitud de peregrinos muchos de los cuales volvían a sus casas en tren. Los vagones estaban a reventar y muchos viajeros decidían subirse al techo, decenas y decenas de personas estaban arriba y el tren no partía, algunos guardias con largos palos intentaban por las buenas y por las malas hacer descender al personal. Pero nada, casi nadie bajaba y el tren no partía de la estación. Nos dijeron que no era normal, pero que en ocasiones ocurría, especialmente tras grandes concentraciones y en trenes que no tuvieran la catenaria como estorbo. 
Un Ambassador. El coche de la India.
Podría seguir hablando de camiones coloridos o de tractores Massey Ferguson por doquier, o de coches de distintos modelos... aunque yo me quedo con el Ambassador, el coche indio por antonomasia que ya ha dejado de fabricarse pero que al verlo te traslada a tiempos pasados que seguramente tendrían las mismas carreteras del presente.



                             El Ambassador protagonista en un anuncio de Peugeot

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Reflexiones de un "celiaco consorte"

Un thali (plato combinado de vegetales)
Desde que a mi chica le diagnosticaron la celiaquía hace un año y pico el tema de las comidas se ha convertido en una de las cuestiones básicas a la hora de preparar un viaje. Ambos seguimos la máxima tan repetida de "no dejes de hacer nada por el hecho de ser celiaco" y creo que en lo que respecta a viajar a la India es una frase que tiene total vigencia. 
He de precisar que el viaje que hemos realizado en el mes de agosto ha sido por la zona norte del país, especialmente por la región de Rajastán y llegando a Benarés (Varanasi) como punto más oriental, y en general no hemos tenido problema para encontrar alimentos sin gluten puesto que gran parte de la gastronomía local no utiliza harina de trigo o cereales que contengan el "elemento maligno". Es cierto que cuando había bufet libre, especialmente en los desayunos, había que tener más cuidado pero el uso del "carnet de celiaco" en hindi ha servido para resolver la gran mayoría de las dudas. En alguna ocasión la oferta se redujo de forma considerable y tuvieron a bien en los hoteles en los que nos hospedábamos hacer algo de arroz de forma especial o preparar una macedonia de frutas, además en casi todos los establecimientos había para todo el mundo tortillas francesas simples o con diversos ingredientes. El caso es que mi celiaquita del alma no ha tenido ningún problema derivado de la ingestión de gluten, y para más inri ni siquiera los síntomas habituales que la gran mayoría de los mortales turistas tienen cuando comen en la India (yo mismo por ejemplo). Hay que tener cuidado ya de por sí con los alimentos, lo típico: no comer fruta si no está pelada, nada de hielo o agua local  (hay que tener mucho ojo con el sellado de las botellas ya que a veces las rellenan) y... ¡el dichoso picante! La frase con la que acabábamos cada petición de comida era siempre ¡non spicy!, algo que supongo serviría para reducir el grado de picor aunque casi todo picaba algo (o más que algo).
"El carnet", una necesidad si no controlas el hindi 

He hablado de los desayunos de forma específica, pero tanto la comida como la cena la hacíamos en diversos restaurantes (en general los recomendados en las guías turísticas más conocidas), en ellos casi nadie conocía qué era ser celiaco, pero en todos entendieron lo que decía el carnet (lo pongo en fotografía en hindi e inglés) y no hubo ningún problema. Incluso nos atrevimos a comer alguna cosilla realizada en puestos callejeros, eso sí todo con mucha precaución.
Para que os hagáis una idea, voy a comentar algunos de los platos y productos que son totalmente válidos para celiacos:

Panes:
Pappadum con unos frutos secos
El pan más utilizado es el naan, pero ese está realizado con harina de trigo, el mejor sustituto es el PAPPADUM, una especie de pan plano crujiente y con especias realizado con harina de lentejas. También las DOSAS son crepes generalmente realizados con harina de garbanzo (es recomendable preguntar por si estuvieran hechos con mezcla de harina de trigo) y el IDLI que es una especie de panecillo de arroz blanco que viene muy bien para mojar en las salsas. Por último, el UTHAPAN que generalmente está hecho de harina de garbanzo y es una especie de pan plano con ingredientes encima como el tomate.
Además del ya citado naan, no son aptos panes como el roti, chapati, poori y la paratha.

Comidas:
El THALI es un pato combinado vegetal con arroz, tiene varios platitos o cuencos con comidas diferentes. El único problema es la bola de postre (una especie de miniborracho) que puede estar hecha con harina de trigo.
Los arroces. Hay múltiples variedades de platos de arroz y es lo más habitual como acompañante, destaco el PULAO (arroz cocido con guisantes y maiz) y el BIRYANI (arroz cocinado de forma separada a los otros ingredientes, generalmente es amarillo y muy especiado, por eso es algo picante, pero riquísimo).
DAL que básicamente es un puré de lentejas.
ALOO GOBHI que son patatas con coliflor y que fue uno de los platos que más nos gustó.
PAKORAS (vegetales especiados rebozados en harina de lenteja).
ACHARI FISH TIKA (pescado sin raspas), en cualquier caso no hemos encontrado mucho pescado en los sitios donde hemos comido.
RAITA, es yogurt con otros ingredientes, el que más pedimos llevaba pepino y berro, algo parecido al salziki griego, muy útil para rebajar el sabor de los platos con picante.
PALAK PANEER (queso con espinacas).

Las salsas
Es recomendable preguntar siempre si las salsas están espesadas con harina, aunque lo normal es que no sea así y mucho menos con harina de trigo. Esa es una ventaja tanto por poder disfrutar de comida muy bien acompañada como por evitar bastante riesgo de la dichosa contaminación cruzada. Como ejemplo pongo el curry, que no es otra cosa que una mezcla de especias, y que en el caso de la zona que visitamos nunca tenía harina de trigo, generalmente es de garbanzo. Os enlazo el artículo de la wikipedia sobre el curry.

Los postres:
RASMALAI (especie de empanadilla de queso)
GULAB JAMUN (bolas parecidas a los borrachos que no lleva harina de trigo)
KULFI (polos de frutas), el problema de este postre es el agua, por lo tanto si el lugar donde se adquiere es un puesto callejero yo no me fiaría mucho.
LASSI, vale como postre o como bebida mientras se come, y es batido de yogurt en diversas variedades (hay lassi salado, lassi dulce, lassi con frutas como el mango... y hasta el lassi especial que es más caro y teóricamente con marihuana).
Helado de pistacho y almendras
"El carnet" en inglés también conviene llevarlo.

Hay más platos, os paso una página con más información y enlaces (en inglés). En nuestro caso estuvimos tres semanas de viaje y sin parecernos reiterativa la comida, es cierto que hay alimentos que se repiten en la dieta: hay mucho arroz, mucha verdura, generalmente poca carne (salvo pollo y algo de cordero) y poquísimo pescado. En cuanto a los postres no observamos mucha diversidad.

Otros consejos:
-Como siempre que se hace un viaje en avión y en el trayecto hay derecho a comida, avisar con tiempo a la compañía o a la agencia de viajes para que se adapte la comida.
-En el Taj Mahal no dejan meter comida al recinto, sí agua (de hecho te dan una botella) y también medicamentos, pero a mi chica le dejaron pasar unos bollitos al enseñar el famoso carnet. No sabemos si esto será habitual o es que dio con un portero comprensivo.
-Dije que en la mayoría de los restaurantes desconocían qué era eso de ser celiaco. Pero hubo alguna excepción, destaco uno que está en Jaisalmer y se llama "8 de Julio", los dueños son un matrimonio indio que vivió mucho tiempo en Australia y conoce (especialmente ella) cuál es el tema, además de preparar una exquisita comida (destaco las pakoras) se ofreció a llevarnos al hotel comida sin gluten si la necesitáramos. Un encanto de mujer.
-Que nadie dude en meter algo de comida en la maleta, casi más que ropa, no ya por el tema de la celiaquía, mas que nada porque comer una loncha de jamón o un montadito de lomo de vez en cuando no tiene precio.
-Evidentemente este viaje ha sido nuestro viaje, y supongo que habrá personas que no lo habrán pasado tan bien siendo celiacos, pero os aseguro que lo que podría ser visto un día antes de partir como un problema no lo ha sido en absoluto.

Si tienes alguna duda o pregunta que no dude en ponerla en los comentarios, estaremos encantados de ayudarte. Namaste.

viernes, 28 de agosto de 2015

Nos vamos al cole

Alumnos mayores (nuestro 2º de Bachillerato) del centro público de Pushkar.
De los 36 territorios que componen la India (29 estados, 6 territorios de la unión y el que rodea la capital) solo en tres el índice de alfabetización supera el 90%, teniendo en cuenta la gran cantidad de población que tiene el país podemos afirmar que más de uno de cada tres analfabetos adultos del mundo es indio. Por eso, desde hace años los distintos gobiernos han intentado poner en marcha planes para lograr una mejora en esas cifras, en concreto en 2009 se aprobó una ley de educación que buscaba llegar al 100% de matriculación de la población infantil en edad de cursar la enseñanza primaria (de los 6 a los 14 años). Parece que los resultados no han sido los previstos, salvo en estados muy concretos como Kerala, alcanzándose solo el 83% de matriculación. De nuevo la práctica del día a día corrobora las cifras ya que en nuestros innumerables paseos por las calles de ciudades y pueblos en hora escolar (las vacaciones en la India son en Mayo y Junio, los meses de más calor) nos encontramos a muchos niños, y sobre todo niñas, que no estaban en la escuela y trabajaban, jugaban junto a las cunetas o pedían. Ciudades como Delhi están plagadas de redes de mendicidad infantil. 
Camino al cole (entre Udaipur y Pushkar)
Cierto es que la mayoría iban a la escuela, vestidos con uniformes generalmente en tonos azules y con una especie de banda con forma de V en la parte delantera, la mayoría van sonrientes, algunos dormidos, en grupos, paseando o en medios de transporte diversos: rickshaw, furgonetas, autobuses amarillos, tuc-tuc,...
Tuvimos la suerte de poder visitar una escuela, en concreto fue en la ciudad de Pushkar, era una escuela en la que estaban los chicos mayores de la enseñanza primaria y también de secundaria (de 15 a 18 años), era pública y en ella pudimos observar la falta de financiación de este tipo de escuelas, sobre todo en zonas rurales. Estaban en el recreo y los chicos enloquecieron con nuestra visita, los teléfonos y las cámaras de los turistas apuntaban a las caras de los alumnos que sonreían y se colocaban en postura de foto. Nos hicimos retratos con ellos, a alguna chica le costaba ponerse al lado de un extranjero, normal. 
La "sirena" del cole
El director, un señor de unos cincuenta años bien trabajados y que hablaba un inglés rudimentario, se acercó a un gong y con un bloque de madera lo golpeó repetidas veces, era la sirena de fin del recreo. Todos corrían a sus clases mirando de reojo a los visitantes. Dejaban su calzado en la puerta de las aulas, que rodeaban el terreno que ocupaba el patio, más parecido a un corral, y se sentaban en el suelo; solo los más mayores tenían mesas y sillas en la clase. Pude contar más de 45 alumnos por cada clase cuyo material era escaso: una mesa para el profesor, la pizarra (artilugio que no cambia donde quiera que vayas) y unas estanterías de obra totalmente vacías.
La falta de inversión en la escuela pública como se ve es un patrón que se repite desgraciadamente de forma muy habitual y hace que muchas familias decidan escolarizar a sus hijos en un centro privado, especialmente en las ciudades, en esos centros se utiliza el inglés, además del hindi, como idioma de enseñanza. Lo público queda para los más pobres, sobre todo en zonas rurales, y con la ya citada poca inversión se ensanchan aún más las diferencias sociales en un país que parece llevarlas de serie. Ese gasto familiar en lo privado responde a un interés real de muchas familias por lograr una mejor educación para sus hijos, lo que ocurre es que lo que supone económicamente la escuela no está al alcance de la mayoría de la población.
Una clase de los más pequeños.

La hora del recreo: los turistas somos la atracción.
La pobreza llega a la escuela en forma de niños escasamente alimentados, por eso hay un programa en funcionamiento consistente en dar una modesta comida a los más necesitados. Los comedores escolares que tanto han dado que hablar en España en los últimos meses, en la India rural son humildes cocinas junto al patio con dos perolas enormes y decenas de chapati (pan) para mezclar con verdura. Nos escandalizaríamos aquí por las condiciones higiénicas.

La cocina del colegio situada en un soportal junto al patio.
A la enseñanza universitaria apenas accede un 13,5% de las personas en edad de hacerlo, eso supone mucha cantidad dada la población del país, pero un número porcentual muy reducido y que condena a la mayoría de la gente a no poder plantearse unos estudios superiores. Una carrera puede costar muy poco si lo comparamos con nuestro país, alrededor de 300 €, pero si tenemos en cuenta que un ingente número de familias apenas sobrevive con 1 € diario es evidente que las prioridades están en el estómago antes que en cualquier otro sitio. Algo calcado a lo que los gobiernos de los años 60 planteaban: la prioridad era la revolución verde para dar de comer y que no muriera la gente, la sanidad y la educación quedaban por detrás.
La pobreza contrasta con las prestigiosas escuelas universitarias especializadas en tecnología e informática que hay en diversas ciudades del país, destaca especialmente Bangalore, que surten de técnicos a muchas empresas del mundo. Las tiendas especializadas en libros de texto ofrecen especialmente manuales de matemáticas e informática. En el país con más analfabetos del mundo se forman a muchos de los futuros expertos que van a conectar el planeta. Contrastes.

martes, 25 de agosto de 2015

Mujeres

Mujer vendiendo hortalizas. Jaisalmer.

Inicio con esta una serie de entradas en las que quiero repasar algunos aspectos de mi reciente viaje a la India, abandono el formato de diario de viaje para relatar de forma temática cuestiones que, a mi parecer, son interesantes y que sirven para acercarse a la realidad de un país que vive entre los contrastes más absolutos.
La India tiene según los últimos datos 1160 millones de habitantes, en siete años se convertirá en el país con mayor población del mundo superando a China, un 48% de ellos son mujeres lo cual ya nos indica algo raro puesto que lo habitual desde el punto de vista demográfico (y más en lugares con grandes cantidades de población) es que haya igualdad entre sexos con una ligera superioridad femenina. En la India ser mujer significa tener los mismos derechos que ser hombre en el papel de las leyes, pero también supone que esas leyes sean, más que en cualquier otro lugar, papel mojado. Se podrán dar muchos datos para reforzar esa idea, pero no es necesario porque un simple paseo por cualquiera de las ciudades o pueblos  ya nos da pistas sobre la situación real de las indias. En las tres semanas que he estado recorriendo algunas zonas del país raras han sido las mujeres que me han atendido en establecimientos (hoteles, restaurantes, tiendas...), sin embargo un 95% de ellas trabaja, pero lo hace de forma invisible y para nada reconocida., y sin contar que se hace responsable absoluta, como en tantos y tantos sitios, de la cría de los hijos.  Por eso, me chocó de forma evidente una de las pocas que atendió a mi grupo de compañeros de viaje en un restaurante, hablaba inglés con desparpajo y buen acento, superaba con creces los 50 años, conocía intolerancias alimenticias y mimaba con exacerbado cariño a los turistas desconocedores de los recovecos gastronómicos locales. Fue en Jaisalmer, en un restaurante llamado "8 de Julio", jamás se me olvidará porque coincide con mi cumpleaños, y todo tenía su explicación: ella y su esposo habían pasado muchos años viviendo en Australia y allí daba la sensación se había dejado buena parte de las ataduras tradicionales que la gran mayoría de las mujeres de la India mantienen. Por cierto, las pakoras que comí en ese "8 de julio" aún hoy, solo con rememorar su crujiente sabor, me generan un excelso recuerdo gustativo.
Rehabilitando un palacio (Orchha)
Hablaba antes de tradición y es que da la sensación que es ella la que mantiene el modo de convivencia dejando, como decía antes, en papel mojado el marco legislativo. Tal vez asistamos a un proceso de fractura entre esa tradición y una modernidad, sustentada en valores occidentales, que promueve la libertad individual frente al valor de lo colectivo y familiar. El choque de ambas situaciones acaba maltratando a las mujeres. Si la tradición la ha convertido en subsidiaria del esposo y su familia, esclava de la dote (la cantidad que debe pagar la familia de la novia a la del novio tras la boda) haciéndola económicamente poco rentable, la modernidad la ha convertido en objeto sexual (no hay más que ver las películas de Bollywood o los muchísimos caso de tocamientos y violaciones que se producen en las grandes ciudades). Es además difícil de lograr el objetivo de la libertad si no se ofrecen herramientas para alcanzarla, empezando por la educación y la posibilidad de independencia económica: en la India la tasa de alfabetización femenina es del 53,7% lo que supone 22 puntos por debajo que la masculina.
Aún más doloroso es conocer cómo se siguen produciendo abortos selectivos, de hecho se ha prohibido informar del sexo del hijo antes del nacimiento para evitarlos; además el número de suicidios femeninos es espectacular, detrás de muchos de ellos está la presión de la familia del marido por lograr una dote mejor, y eso que el 80% de los matrimonios son concertados entre los padres de uno y otra.
Danzando en Udaipur
En el propio folclore se puede observar el duro trabajo de la mujer para mantener económicamente a la familia, en concreto en la zona más cercana al desierto muchos bailes consisten en mujeres llevando sobre sus cabezas vasijas de barro y girando como los famosos derviches. Esas vasijas no son otra cosa que el recipiente en el que ellas portaban el agua, podríamos decir que siguen portando porque mujeres con cacharros en la cabeza se ven por doquier, especialmente en zonas rurales, tras sacar agua de un pozo o tras llenarlos en la fuente más cercana a su hogar.
No podemos obviar el papel de la religión, en el caso de la India las religiones, ya que se perpetúa con ella la preponderancia masculina. Los templos se llenan de fieles y todos, ellos y ellas, colaboran en las fiestas y ritos, pero es ella la que lleva la escoba, la que moldea las figuritas de barro que son ofrenda. Se calcan patrones y se repiten de forma superlativa, algunos no nos pueden resultar extraños en nuestro mundo "occidental" puesto que han sido los mismos, si es que no lo son, mientras lo profundamente religioso ha comido buena parte del espacio social. La India laica de Nerhu no deja de estar comprometida al máximo con los dioses, dioses plurales, religiones diversas y mujeres con papel secundario.
Mujeres y escobas en el Fuerte de Amber (Jaipur)
Entre tanta inmensidad de injusticia y desigualdad, siempre hay puntos de esperanza y buenas intenciones, me gustaría destacar de forma especial un proyecto que conocí de primera mano en Udaipur, se trata de una cooperativa de mujeres artesanas del sector textil que comenzó a funcionar hace unos años con 15 miembros y hoy tiene 657. Se llama Sadhna y distribuye sus productos en tres tiendas cuyo precio es fijo, por lo tanto no es preciso poner en marcha la excitante para unos, cansada para otros, tarea del regateo. Recomiendo un vistazo a su página web. También quiero hacer mención a la Fundación Vicente Ferrer, de cuya web he sacado algunos datos y que ha puesto en marcha proyectos para ayudar a la independencia económica de mujeres y a recuperarse de los problemas sociales que sufren. 
Es evidente que muchas de las cuestiones relacionadas con el funcionamiento de sociedades lejanas no se pueden medir desde los parámetros occidentales. No tiene sentido alguno usar nuestro modo de vida como regla infalible. Sin embargo, asumiendo esa irregularidad casi permanente en los ojos occidentales, no podemos obviar las grandes diferencias  de género que hay en países como la India, cierto es que una parte de la sociedad reacciona con contundencia ante las violaciones y ataques a los derechos humanos que sufren muchas de sus mujeres, pero no deja de ser menos cierto que las desigualdades existen. Posiblemente son más contundentes esas diferencias en lugares donde se ha abandonado buena parte de la tradición (que lo suele dejar todo atado y bien atado, para bien y para mal) como algunas de las grandes ciudades, en ellas la sumisión de la mujer se mezcla con lo peor de los valores occidentales.
Mujer sola (Orchha)

La India es conocida como la mayor democracia del mundo, lo es por su sistema político avalado por la constitución. Durante 15 años de su corta democracia nacida de la independencia en 1947 una mujer, Indira Gandhi, fue primera ministra, millones de hombres y mujeres la dieron su confianza, hoy en día hay ministras, gobernadoras de estados y provincias, incluso la líder del principal partido de la oposición (el que casi siempre gobernó, Partido del Congreso) es una mujer, Sonia Gandhi que es nuera de Indira y que si no fue Primera Ministra es por sus raíces italianas y no por su condición de mujer. El caso es que mujeres han roto barreras que pueden parecer infranqueables, tal vez sean ejemplos que debieran repetirse en lo cotidiano, donde esas barreras son tan visibles como casi imposibles. La India tiene ojos de mujer con la cara cubierta de un colorido sari, dar poder, independencia, educación y futuro a la mujer india es dar poder a todo un país.