domingo, 9 de enero de 2011

Fotografía de un país

Señal de tráfico en Nicosia (I Love Cyprus)
Ya estoy en Madrid. Chipre ya es historia (y presente). Cuando llegué el día 26 no sabía exactamente en qué país me metía ya que el turismo de sol y playa reina en un lugar con graves problemas en su convivencia durante el último medio siglo. Y esos problemas, esas diferencias, esas divisiones ha sido lo que más me ha interesado de un Chipre que se independizó en 1960 tras pertenecer al imperio turco primero y al inglés después. Un país con dos grandes comunidades: la griega ortodoxa y la turca musulmana y que medio convivieron hasta mediados de los 60 organizándose políticamente en un estado admitiendo las diferencias y las competencias diversificadas. En esos años la figura de Makarios III dirigía un estado que había tenido que admitir su negativa a la einosis (unión con Grecia) y al taksim (unión con Turquía). Esa negativa formal da la sensación que no era real. En 1974 la intervención militar griega, apoyada por la CIA, primero y la ocupación turca del norte después, han dado al lugar una situación curiosa y, para mi, indignante; un país aceptado internacionalmente que siente que el norte está ocupado ilegalmente por Turquía quien a su vez es el único país que acepta la legalidad de ese norte como país independiente (República Turca del Norte de Chipre).
Todo este lío histórico en el presente se transforma en un sur plenamente reconocido como miembro de la UE y que tiene en el turismo su principal fuente de ingresos, y un un norte dependiente de Turquía con la sensación de estar por debajo económicamente y en infraestructuras que sus "vecinos" sureños. Sin embargo, el paso de griegos, romanos, fenicios, musulmanes, turcos, británicos... han dejado en la isla innumerables restos que hacen de ella un ejemplo de huella poliédrica del pasado. Esa riqueza cultural es la que debería servir para romper barreras en vez de para crearlas y ahí deberían aferrarse los chipriotas, alejarse de injerencias externas y pensar en el valor adquirido durante tantos siglos.
Pero es complicado. La diferencia norte-sur puede ser insalvable si no hay intención de superarla. Buena culpa de ello tiene la religión y los vaivenes políticos internacionales: Grecia y Turquía son aliados de EEUU en la OTAN. El caso es que las rupturas de mediados de los 60 y del 74 han ido configurando dos realidades. Ya hablaba de las sensaciones económicas, pero también aparecen las realidades sociales y es que la Chipre turca parece más homogénea aunque la "colonización" turca haya dado más privilegios a los llegados desde Turquía y genera cierto malestar en los turcochipriotas de toda la vida, la Chipre griega sin embargo tiene unos altos índices de inmigración y ahí sí que encontramos una clara división social entre locales e inmigrantes poco cualificados: especialmente gente de Bangladesh, India y Filipinas. También hay gente proveniente de Rusia, Rumanía o Bulgaria, pero parece que tanto la aceptación como la inversión de estos grupos nacionales es muy superior a la de los primeros. Y con esa distribución la isla (me centro en el sur) vive casi sin tener en cuenta a los más desfavorecidos: sistema sanitario mixto, alarmante déficit en los transportes públicos, salarios muy bajos,... y encima la tensión social era patente en algunos casos ya que vimos una manifestación de tinte ultranacionalista en Larnaca y escuchamos algunos comentarios críticos con la población extranjera. Sin embargo, esa población parece fundamental para algunos sectores económicos como el de los servicios y en especial el del turismo del que viven muchos chipriotas y especialmente ciudades como Larnaca y Paphos. Y es que el país se convierte en una colonia estacional de los británicos durante el verano que encuentran un lugar que pertenece a la Commonwealth con sol y playa, en donde mucha gente habla inglés y se conduce por la izquierda, y en donde los que allí viven (y eso lo comprobamos en primera persona) te saben tratar bien, con respeto y buenas formas.

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