viernes, 28 de agosto de 2015

Nos vamos al cole

Alumnos mayores (nuestro 2º de Bachillerato) del centro público de Pushkar.
De los 36 territorios que componen la India (29 estados, 6 territorios de la unión y el que rodea la capital) solo en tres el índice de alfabetización supera el 90%, teniendo en cuenta la gran cantidad de población que tiene el país podemos afirmar que más de uno de cada tres analfabetos adultos del mundo es indio. Por eso, desde hace años los distintos gobiernos han intentado poner en marcha planes para lograr una mejora en esas cifras, en concreto en 2009 se aprobó una ley de educación que buscaba llegar al 100% de matriculación de la población infantil en edad de cursar la enseñanza primaria (de los 6 a los 14 años). Parece que los resultados no han sido los previstos, salvo en estados muy concretos como Kerala, alcanzándose solo el 83% de matriculación. De nuevo la práctica del día a día corrobora las cifras ya que en nuestros innumerables paseos por las calles de ciudades y pueblos en hora escolar (las vacaciones en la India son en Mayo y Junio, los meses de más calor) nos encontramos a muchos niños, y sobre todo niñas, que no estaban en la escuela y trabajaban, jugaban junto a las cunetas o pedían. Ciudades como Delhi están plagadas de redes de mendicidad infantil. 
Camino al cole (entre Udaipur y Pushkar)
Cierto es que la mayoría iban a la escuela, vestidos con uniformes generalmente en tonos azules y con una especie de banda con forma de V en la parte delantera, la mayoría van sonrientes, algunos dormidos, en grupos, paseando o en medios de transporte diversos: rickshaw, furgonetas, autobuses amarillos, tuc-tuc,...
Tuvimos la suerte de poder visitar una escuela, en concreto fue en la ciudad de Pushkar, era una escuela en la que estaban los chicos mayores de la enseñanza primaria y también de secundaria (de 15 a 18 años), era pública y en ella pudimos observar la falta de financiación de este tipo de escuelas, sobre todo en zonas rurales. Estaban en el recreo y los chicos enloquecieron con nuestra visita, los teléfonos y las cámaras de los turistas apuntaban a las caras de los alumnos que sonreían y se colocaban en postura de foto. Nos hicimos retratos con ellos, a alguna chica le costaba ponerse al lado de un extranjero, normal. 
La "sirena" del cole
El director, un señor de unos cincuenta años bien trabajados y que hablaba un inglés rudimentario, se acercó a un gong y con un bloque de madera lo golpeó repetidas veces, era la sirena de fin del recreo. Todos corrían a sus clases mirando de reojo a los visitantes. Dejaban su calzado en la puerta de las aulas, que rodeaban el terreno que ocupaba el patio, más parecido a un corral, y se sentaban en el suelo; solo los más mayores tenían mesas y sillas en la clase. Pude contar más de 45 alumnos por cada clase cuyo material era escaso: una mesa para el profesor, la pizarra (artilugio que no cambia donde quiera que vayas) y unas estanterías de obra totalmente vacías.
La falta de inversión en la escuela pública como se ve es un patrón que se repite desgraciadamente de forma muy habitual y hace que muchas familias decidan escolarizar a sus hijos en un centro privado, especialmente en las ciudades, en esos centros se utiliza el inglés, además del hindi, como idioma de enseñanza. Lo público queda para los más pobres, sobre todo en zonas rurales, y con la ya citada poca inversión se ensanchan aún más las diferencias sociales en un país que parece llevarlas de serie. Ese gasto familiar en lo privado responde a un interés real de muchas familias por lograr una mejor educación para sus hijos, lo que ocurre es que lo que supone económicamente la escuela no está al alcance de la mayoría de la población.
Una clase de los más pequeños.

La hora del recreo: los turistas somos la atracción.
La pobreza llega a la escuela en forma de niños escasamente alimentados, por eso hay un programa en funcionamiento consistente en dar una modesta comida a los más necesitados. Los comedores escolares que tanto han dado que hablar en España en los últimos meses, en la India rural son humildes cocinas junto al patio con dos perolas enormes y decenas de chapati (pan) para mezclar con verdura. Nos escandalizaríamos aquí por las condiciones higiénicas.

La cocina del colegio situada en un soportal junto al patio.
A la enseñanza universitaria apenas accede un 13,5% de las personas en edad de hacerlo, eso supone mucha cantidad dada la población del país, pero un número porcentual muy reducido y que condena a la mayoría de la gente a no poder plantearse unos estudios superiores. Una carrera puede costar muy poco si lo comparamos con nuestro país, alrededor de 300 €, pero si tenemos en cuenta que un ingente número de familias apenas sobrevive con 1 € diario es evidente que las prioridades están en el estómago antes que en cualquier otro sitio. Algo calcado a lo que los gobiernos de los años 60 planteaban: la prioridad era la revolución verde para dar de comer y que no muriera la gente, la sanidad y la educación quedaban por detrás.
La pobreza contrasta con las prestigiosas escuelas universitarias especializadas en tecnología e informática que hay en diversas ciudades del país, destaca especialmente Bangalore, que surten de técnicos a muchas empresas del mundo. Las tiendas especializadas en libros de texto ofrecen especialmente manuales de matemáticas e informática. En el país con más analfabetos del mundo se forman a muchos de los futuros expertos que van a conectar el planeta. Contrastes.

martes, 25 de agosto de 2015

Mujeres

Mujer vendiendo hortalizas. Jaisalmer.

Inicio con esta una serie de entradas en las que quiero repasar algunos aspectos de mi reciente viaje a la India, abandono el formato de diario de viaje para relatar de forma temática cuestiones que, a mi parecer, son interesantes y que sirven para acercarse a la realidad de un país que vive entre los contrastes más absolutos.
La India tiene según los últimos datos 1160 millones de habitantes, en siete años se convertirá en el país con mayor población del mundo superando a China, un 48% de ellos son mujeres lo cual ya nos indica algo raro puesto que lo habitual desde el punto de vista demográfico (y más en lugares con grandes cantidades de población) es que haya igualdad entre sexos con una ligera superioridad femenina. En la India ser mujer significa tener los mismos derechos que ser hombre en el papel de las leyes, pero también supone que esas leyes sean, más que en cualquier otro lugar, papel mojado. Se podrán dar muchos datos para reforzar esa idea, pero no es necesario porque un simple paseo por cualquiera de las ciudades o pueblos  ya nos da pistas sobre la situación real de las indias. En las tres semanas que he estado recorriendo algunas zonas del país raras han sido las mujeres que me han atendido en establecimientos (hoteles, restaurantes, tiendas...), sin embargo un 95% de ellas trabaja, pero lo hace de forma invisible y para nada reconocida., y sin contar que se hace responsable absoluta, como en tantos y tantos sitios, de la cría de los hijos.  Por eso, me chocó de forma evidente una de las pocas que atendió a mi grupo de compañeros de viaje en un restaurante, hablaba inglés con desparpajo y buen acento, superaba con creces los 50 años, conocía intolerancias alimenticias y mimaba con exacerbado cariño a los turistas desconocedores de los recovecos gastronómicos locales. Fue en Jaisalmer, en un restaurante llamado "8 de Julio", jamás se me olvidará porque coincide con mi cumpleaños, y todo tenía su explicación: ella y su esposo habían pasado muchos años viviendo en Australia y allí daba la sensación se había dejado buena parte de las ataduras tradicionales que la gran mayoría de las mujeres de la India mantienen. Por cierto, las pakoras que comí en ese "8 de julio" aún hoy, solo con rememorar su crujiente sabor, me generan un excelso recuerdo gustativo.
Rehabilitando un palacio (Orchha)
Hablaba antes de tradición y es que da la sensación que es ella la que mantiene el modo de convivencia dejando, como decía antes, en papel mojado el marco legislativo. Tal vez asistamos a un proceso de fractura entre esa tradición y una modernidad, sustentada en valores occidentales, que promueve la libertad individual frente al valor de lo colectivo y familiar. El choque de ambas situaciones acaba maltratando a las mujeres. Si la tradición la ha convertido en subsidiaria del esposo y su familia, esclava de la dote (la cantidad que debe pagar la familia de la novia a la del novio tras la boda) haciéndola económicamente poco rentable, la modernidad la ha convertido en objeto sexual (no hay más que ver las películas de Bollywood o los muchísimos caso de tocamientos y violaciones que se producen en las grandes ciudades). Es además difícil de lograr el objetivo de la libertad si no se ofrecen herramientas para alcanzarla, empezando por la educación y la posibilidad de independencia económica: en la India la tasa de alfabetización femenina es del 53,7% lo que supone 22 puntos por debajo que la masculina.
Aún más doloroso es conocer cómo se siguen produciendo abortos selectivos, de hecho se ha prohibido informar del sexo del hijo antes del nacimiento para evitarlos; además el número de suicidios femeninos es espectacular, detrás de muchos de ellos está la presión de la familia del marido por lograr una dote mejor, y eso que el 80% de los matrimonios son concertados entre los padres de uno y otra.
Danzando en Udaipur
En el propio folclore se puede observar el duro trabajo de la mujer para mantener económicamente a la familia, en concreto en la zona más cercana al desierto muchos bailes consisten en mujeres llevando sobre sus cabezas vasijas de barro y girando como los famosos derviches. Esas vasijas no son otra cosa que el recipiente en el que ellas portaban el agua, podríamos decir que siguen portando porque mujeres con cacharros en la cabeza se ven por doquier, especialmente en zonas rurales, tras sacar agua de un pozo o tras llenarlos en la fuente más cercana a su hogar.
No podemos obviar el papel de la religión, en el caso de la India las religiones, ya que se perpetúa con ella la preponderancia masculina. Los templos se llenan de fieles y todos, ellos y ellas, colaboran en las fiestas y ritos, pero es ella la que lleva la escoba, la que moldea las figuritas de barro que son ofrenda. Se calcan patrones y se repiten de forma superlativa, algunos no nos pueden resultar extraños en nuestro mundo "occidental" puesto que han sido los mismos, si es que no lo son, mientras lo profundamente religioso ha comido buena parte del espacio social. La India laica de Nerhu no deja de estar comprometida al máximo con los dioses, dioses plurales, religiones diversas y mujeres con papel secundario.
Mujeres y escobas en el Fuerte de Amber (Jaipur)
Entre tanta inmensidad de injusticia y desigualdad, siempre hay puntos de esperanza y buenas intenciones, me gustaría destacar de forma especial un proyecto que conocí de primera mano en Udaipur, se trata de una cooperativa de mujeres artesanas del sector textil que comenzó a funcionar hace unos años con 15 miembros y hoy tiene 657. Se llama Sadhna y distribuye sus productos en tres tiendas cuyo precio es fijo, por lo tanto no es preciso poner en marcha la excitante para unos, cansada para otros, tarea del regateo. Recomiendo un vistazo a su página web. También quiero hacer mención a la Fundación Vicente Ferrer, de cuya web he sacado algunos datos y que ha puesto en marcha proyectos para ayudar a la independencia económica de mujeres y a recuperarse de los problemas sociales que sufren. 
Es evidente que muchas de las cuestiones relacionadas con el funcionamiento de sociedades lejanas no se pueden medir desde los parámetros occidentales. No tiene sentido alguno usar nuestro modo de vida como regla infalible. Sin embargo, asumiendo esa irregularidad casi permanente en los ojos occidentales, no podemos obviar las grandes diferencias  de género que hay en países como la India, cierto es que una parte de la sociedad reacciona con contundencia ante las violaciones y ataques a los derechos humanos que sufren muchas de sus mujeres, pero no deja de ser menos cierto que las desigualdades existen. Posiblemente son más contundentes esas diferencias en lugares donde se ha abandonado buena parte de la tradición (que lo suele dejar todo atado y bien atado, para bien y para mal) como algunas de las grandes ciudades, en ellas la sumisión de la mujer se mezcla con lo peor de los valores occidentales.
Mujer sola (Orchha)

La India es conocida como la mayor democracia del mundo, lo es por su sistema político avalado por la constitución. Durante 15 años de su corta democracia nacida de la independencia en 1947 una mujer, Indira Gandhi, fue primera ministra, millones de hombres y mujeres la dieron su confianza, hoy en día hay ministras, gobernadoras de estados y provincias, incluso la líder del principal partido de la oposición (el que casi siempre gobernó, Partido del Congreso) es una mujer, Sonia Gandhi que es nuera de Indira y que si no fue Primera Ministra es por sus raíces italianas y no por su condición de mujer. El caso es que mujeres han roto barreras que pueden parecer infranqueables, tal vez sean ejemplos que debieran repetirse en lo cotidiano, donde esas barreras son tan visibles como casi imposibles. La India tiene ojos de mujer con la cara cubierta de un colorido sari, dar poder, independencia, educación y futuro a la mujer india es dar poder a todo un país.